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octubre 27, 2014 6:01 pm

Desde hace tiempo se realiza a través del Programa Argentina Saludable, la Campaña ‘Menos sal, más vida’ con el objetivo de concientizar a la población en general, a panaderos y a micro emprendedores sobre la importancia de tener un consumo adecuado de sal para prevenir futuros eventos cardiovasculares. Mendoza es parte de ella y realiza jornadas en sus departamentos para informar a la comunidad e incentivar la adhesión de los panaderos a la iniciativa ‘Pan Saludable’ y a todos quienes produzcan o manipulen alimentos, a la Ley de Regulación de Sodio.

De esta manera se busca prevenir eventos cardiovasculares y otros problemas de salud devenidos del consumo elevado de sal, tales como insuficiencia renal, osteoporosis y cáncer de estómago. De hecho, hay expertos que sostienen que reducir al menos la mitad del consumo de sal diario equivaldría a obtener beneficios en la salud comparables a los derivados del dejar de fumar.

Desde hace más de una década la Organización Mundial de la Salud (OMS) establece en 5 gramos el consumo máximo diario de sal, cifra muy por debajo de la que se ingiere de media en el mundo, entre 10 y 12 gramos. La mayor parte de la ingesta diaria de sal, el 80%, proviene de los productos envasados y precocinados. No obstante, los especialistas consideran innecesario añadir sal en la comida, tanto en el momento de procesado como en el de consumo, ya que no fue concebida para darle sabor a los alimentos sino para conservarlos por más tiempo. Hoy los sistemas modernos de conservación le quitaron su razón de ser pero la costumbre la incluye en la mesa cotidiana.

Sin embargo, su uso excesivo es nocivo para la salud. La sal contribuye a la retención de líquidos en el organismo, lo que produce presión sobre las arterias  y favorece la aparición de la hipertensión, la que, según la OMS, causa el 62 % de los accidentes cerebrovasculares y el 42 % de las enfermedades del corazón. En Estados Unidos se realizó un estudio que simulaba los efectos de reducir el consumo de sal en la población a 3 gramos por día, de allí se estima una reducción del número anual de enfermedades cardiovasculares entre 60 y 120 mil casos, de ictus entre 32 y 66 mil, de infarto de miocardio entre 54 y 99 mil y de fallecimiento por cualquier causa entre 44 y 92 mil casos al año.

demás esta medida sería beneficiosa desde el punto de vista económico, pues el estudio determina un ahorro de entre 10 y 24 mil millones de dólares. A la vista de estos datos, muchos países deciden implantar algunas medidas preventivas. Finlandia fue uno de los primeros en aplicarlas y consiguió reducir la enfermedad cardíaca coronaria y de accidente cerebrovascular entre un 75 y un 80 %, lo que alarga la esperanza de vida entre 5 y 6 años.

Pero conseguir la reducción del consumo de sal es una tarea que requiere del esfuerzo muchas partes. Por un lado, el del ciudadano, que puede cocinar sin sal, retirar el salero de la mesa o comprar productos bajos en sal. Por otro, el esfuerzo de la industria alimentaria que debería disminuir la cantidad de sal que añade a los productos y colocarles una etiqueta fácil de entender que especifique la cantidad de sal utilizada; y por último, el de los organismos públicos, que deberían restringir el consumo e iniciar campañas masivas dirigidas a informar sobre los efectos nocivos que ella tiene sobre la salud.

El consejo es consumir por persona un valor inferior a 5 g diarios de sal y cambiar los hábitos alimenticios que exceden ese parámetro. Hacerlo es fundamental si se tiene en cuenta que:

  • En América uno de cada cuatro adultos tiene hipertensión y la sufre el 90 % de los mayores de 80 años. Esto es porque aquí el consumo por día duplica la cantidad recomendada, así todos los grupos etarios padecen sus consecuencias.
  • A medida que aumenta el consumo de sal dietética también lo hace la presión arterial. Las dietas modernas proporcionan una cantidad excesiva de sal desde la infancia hasta la edad adulta.
  • La adición de la sal a la mesa no es el único problema ya que la mayor cantidad de sal en la dieta proviene de los platos preparados y pre-cocinados, lo que incluye al pan, las carnes procesadas, e incluso los cereales para el desayuno.
  • La reducción del consumo de sal en la población en una de las medidas más efectivas para bajar los costos de la salud pública porque, a su vez, reduce las tasas de enfermedades crónicas y discapacitantes.
  • La mayoría de las personas desconocen la cantidad de sal que consume en diferentes alimentos y los efectos adversos que ella produce en la salud; en este sentido los más vulnerables son los niños.
  • El consumo de sal puede reducirse sin poner en peligro la fortificación con micronutrientes.

En noviembre del año pasado, Argentina reglamentó la Ley 26905. Ella fija los valores máximos de consumo de sodio en menos de 5 gramos por día con el objetivo de promover la reducción del consumo en la población y de exigir a las empresas de alimentos elaborar sus productos bajo esta normativa, para lo cual se les otorgó tiempo hasta mediados del próximo año.

La ley estipula que los envases que comercialicen sodio deben advertir sobre los riesgos para la salud que implica consumirlo; advertencias que también deben estar presentes en las cartas gastronómicas de los bares y restaurantes. Estos establecimientos, además,  deben incluir propuestas alternativas sin sal, limitar la oferta espontánea de saleros,  tener disponible sal en sobres y sal con bajo contenido de sodio.

Es la propia comunidad la que debe exigir el derecho a ser  alimentada bajo estos parámetros saludables y a su vez, debe conocer cuáles son las fuentes ocultas que contienen sodio para resguardarse de sus consecuencias. Entre las menos identificadas se encuentran los aderezos para ensalada, el queso, los cereales, salsas, conservas, las comidas rápidas  y  algunas aguas en botella, en especial las que tienen gas.

Los consejos para reducir la sal en las comidas refieren a: conocer la cantidad de sal que poseen los alimentos, preferir las sopas caseras y vegetales frescos en vez de los enlatados o elegir las variedades bajas en sal; preferir como aperitivos vegetales y frutas en vez de galletas saladas; evitar agregar sal a los alimentos durante su preparación o una vez que se sirven, en este caso se recomienda sustituir la sal por hierbas, especias, limón, pimienta negra, tomate o ajo.

Estos cambios de hábito podrían evitar enfermedades que se relacionan con el alto consumo de sodio. La hipertensión no es la única pero sí la más grave por lo que ella implica. Pero a su vez, una dieta rica en sal puede: potenciar el asma ya que contribuye al deterioro fisiológico y aumenta la hiperactividad bronquial; disminuir la densidad de la masa ósea porque el cuerpo incrementa la eliminación del calcio; y causar la enfermedad de Meniere, que aunque es rara, daña en forma progresiva el oído, el que acumula líquido en su interior.

Consumir mucha sal también puede: incrementar el riesgo de padecer diabetes; causar cáncer de estómago y ataques cerebrales; atacar al corazón, ya que la presión arterial alta lo obliga a trabajar más; y dañar los vasos sanguíneos y los órganos, lo cual también aumenta el riesgo de padecer enfermedades del  corazón.

El exceso de sodio es perjudicial, no obstante, dejarlo por completo también lo es. Lo correcto sería mantener una dieta equilibrada y observar las etiquetas para tener un cálculo más exacto sobre la cantidad que se consume. Son dos aspectos importantes que cualquier persona puede implementar. Más si se considera que en el mundo 1,6 millones de personas mueren al año por pasarse con la sal y una de cada 10 muertes se asocia con el exceso de sodio. Toda persona debería limitar su consumo, pero aún más quienes son hipertensos, diabéticos, obesos, pacientes cardiovasculares o renales y quienes tengan antecedentes de cáncer gástrico en la familia.

Consumir demasiada sal impacta en la salud mientras que recortar su ingesta a la cantidad que se recomienda podría salvar tres millones de vida al año. Motivo más que suficiente para adherir a la ley, a las campañas vigentes y a los buenos hábitos de consumo personal y familiar.

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