Tempestti

febrero 3, 2015 8:15 pm

El Ciudadano estuvo en el cuartel de Bomberos Voluntarios de Godoy Cruz y allí pudo conversar con efectivos que llevan muchos años en la actividad y otros más nuevos para terminar la entrevista con la certeza de que todos sienten una enorme responsabilidad, pero que el hecho de ayudar les llena el alma.

José
José Tempestti es el jefe del Cuerpo de Bomberos, y si bien es muy joven, lleva más de 12 años de servicio. Estudió Higiene y Seguridad Industrial mientras trabajaba y cuando ya era jefe de familia, logró una gran meta que fue recibirse. José recuerda muy bien el día en que una profesora en la facultad le dijo a su clase: “Chicos basta de quejarse, son ustedes los que tienen que tomar la posta ahora, la solución a todos estos problemas tiene que salir de ustedes, son ustedes los que se van a hacer cargo cada uno en lo suyo”. Corría el 2001 y esa docente invitaba a sus alumnos a poner lo mejor de cada uno en pos de construir un mundo mejor, o al menos una aldea mejor. Las palabras quedaron dando vueltas en la cabeza de este bombero que se preguntaba: “Si uno no es político para cambiar las cosas, ¿desde qué otro lugar se puede hacer?”.

“Yo tenía el deseo interior de participar de alguna brigada de emergencia, algo que me permitiera ayudar a la gente y leí en el diario un artículo de un grupo de espeleólogos que hacían una actividad de búsqueda y rescate. Ellos me sugirieron que me pusiera en contacto con los bomberos. Mirá lo que son las cosas, que a los dos días después salió un aviso en el diario donde Godoy Cruz promocionaba su nuevo curso, me presenté, lo hice y lo terminé junto a una camada de diez bomberos más”, contó el muchacho.

Formación
“La capacitación es muy completa y fundamental”, asegura José, ya que hay otros cuarteles de Bomberos donde te dan la ropa y te hacés en la calle. En el curso básico se aprende capacitación bomberil donde se cuenta nuestra historia, comunicación, incendios, trauma, primeros auxilios, rescate vehicular, entre otras cosas, que te habilitan a tripular y te pone a prueba en la emergencia, pero después cada uno de los bomberos se especializa en cada una de esas asignaturas y se suman algunas nuevas más específicas como rescate con cuerdas, sustancias peligrosas, etcétera”, agregó el joven.

Primeras salidas
El bombero se pone a prueba en la calle y sus primeras salidas son las que definen si nació o no para servir desde ese lugar. Tempestti recuerda muy bien sus primeras salidas: “Fue un rescate vehicular en el Día de la Madre, un choque frontal con ocho lesionados de consideración, ahí me enfrenté con la realidad, fue muy duro ver a un grupo de chicos ahí, dos de ellos casi sin signos vitales. Ahí es donde te das cuenta de que te preparás bajo estas condiciones para poder responder en esas situaciones”, recordó José.
“Y en relación al fuego, un incendio en el barrio Trapiche donde tenían libros de magia negra, era una biblioteca la casa, había libros por todos lados y fue muy loco entrar con todo el fuego y ahí se congeló el tiempo, yo giraba y escuchaba el fuego y pensé en mis hijos y mi mujer en ese momento, mi mamá y pensé qué carajo hago acá, es sábado en la noche sacando guardia y podría estar con mis hijos. Y de un momento a otro dije es donde tengo que estar y me enfrenté a la situación… son momentos donde me puse a prueba y me gustó”.

Como un sello de agua
En el anecdotario de este bombero sobran historias y una de las que más lo ha marcado, quizás por que cuando la tragedia toca a un niño, la pena es más grande. “Algo que yo no quería era enfrentarme a situaciones donde hubiesen niños, por que soy papá, pero un día, mientras estábamos dando un curso recibimos la noticia de que un niño de 3 años había caído a un zanjón (es una acequia ancha con mucho caudal de agua que riega una chacra en plena ciudad), buscamos, destapamos rejillas, hicimos inmersión hasta que logramos cortar el caudal de agua, meter una varilla y arrastrar hacia mí algo que no se veía bien, pero que terminó siendo el nene y tuve que entregárselo muerto a su papa”, relató José con los ojos húmedos.
En algún momento, la charla nos va a lleva de nuevo a la misma historia, porque ese mismo papá fue al día siguiente al cuartel y lejos de estar enojado porque no habían podido salvar a su hijo, fue a agradecer lo que hicieron por él.

Aprendizaje
“No todas las emergencias son iguales, no todos los incendios son iguales, no hay que subestimar la emergencia. Siempre tenés que ir preparado para lo peor y eso no deja de afectarte”, dijo el bombero, en relación a lo que se aprende. Y, en cuanto a esas situaciones que se nos presentan como bisagras y nos cambian la vida agregó: “Por ejemplo, no salir de mi casa sin darles un beso a mis hijos y a mi mujer aún estando enojados, disfrutar los encuentros con la familia al salir de la guardia, dejé de hacerme problemas por cosas que no lo merecen, me di cuenta que algo grave es perder a un ser querido, no el hecho de no irte de vacaciones o no poder cambiar el auto”.
“Es fundamental que se eduque a la población, hay muchas cosas que se pueden hacer, nosotros no queremos ser bomberos reactivos que salen a apagar incendios, sino bomberos proactivos que trabajen con la comunidad. Si vos le enseñás jugando a un chico, el chico aprende y no sólo eso, sino que también enseña porque es el que transmite lo que aprendió a toda la familia”, resumió el jefe del cuartel.

Diego
Diego Soto tiene 26 años, es estudiante de Educación Física y Agronomía, vive a metros del cuartel. “De chiquito veía salir los camiones, los desfiles y la instrucción en la calle, me enteraba de todo y a la vuelta vivía un bombero que -ya falleció- y lo veía pasar corriendo cuando sonaba la sirena”, resume así el porqué de querer ser bombero.
Se inscribió tres veces para serlo y se ganó su lugar en la capacitación por insistente. Como no me llamaban para decirme nada, venía y preguntaba, contó quien hace casi dos años que tripula y quien una vez estando dentro de la organización se enteró que su padre Cacho colabora con los bomberos en la parte administrativa y financiera desde hace 30 años, aunque el joven no tiene recuerdos de que su papá haya hablado de eso en la casa.

Bautismo
“La primera vez fue complicada, me tocó auxiliar a una persona con obesidad mórbida, de 380 kilos que había quedado atrapado en el baño de su casa. Para ayudarlo tuvimos que sacar artefactos, puertas y el espejo. Recuerdo que lo agarré de atrás para incorporarlo, me costó sostenerlo, pero pudimos llevarlo a su habitación, después de eso me vi los brazos manchados de sangre y pus de las escaras que tenía el señor, el olor me quedó en la memoria durante semanas”, resumió Diego de lo que fue su primera emergencia. Aunque parezca raro, a los bomberos se los llama para todo, desde rescatar una mascota hasta un gravísimo incidente de tránsito, debe ser por lo que dice José de que es una de las pocas instituciones que aún gozan de buena reputación en la sociedad”.
Después de escuchar decenas de historias por parte de ambos, el interrogante es: ¿por qué lo hacen?
“Es gratificante sentirse útil en situaciones donde muchos no tienen los recursos para sentirlo o salen corriendo. Para ser bombero se necesita voluntad, mucha predisposición, sacrificio, valor, compromiso y entrega, es lo importante”, concluyó José y agregó que “es fundamental la educación en la sociedad para prevenir tragedias”./ Rebeca Rodriguez

 

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