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Nuestras mascotas y la pirotecnia: cómo ayudarlos
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Por Redacción

Nuestras mascotas y la pirotecnia: cómo ayudarlos



Todos los años que se acercan las fiestas a los amantes de los animales nos invaden sentimientos encontrados, por un lado todo lo que significa para la familia, los encuentros, los festejos, los regalos y la alegría de los niños, pero por otro lado sufrimos porque sabemos que nuestras mascotas pasaran un momento desagradable que en ocasiones no nos permite disfrutar al máximo de la alegría reinante. La pirotecnia sigue estando presente en los festejos y si bien divierte a muchos y no deja de ser atractiva para todos, los propietarios de mascotas sufren ya que sus mascotas padecen con mucha intensidad los efectos sonoros de los fuegos de artificios y los petardos.


Mitos y verdades del problema


Muchas personas sostienen que la razón del efecto dañino de la pirotecnia en mascotas es por la sensibilidad auditiva de los mismos, ya que como es sabido, nuestros compañeros de ruta, poseen capacidades auditivas superiores a nosotros. Un mito construido como muchos otros sobre la base de una verdad irrefutable, es cierto que escuchan mejor y detectan sonidos inaudibles para nosotros, pero la razón es más compleja y se trata de una fobia a los sonidos fuertes. En términos coloquiales podemos decir que fobia es un miedo intenso, desproporcionado y compulsivo hacia objetos o situaciones específicas. Nuestras mascotas y especialmente los perros son sensibles a desarrollar estos comportamientos que a menudo provocan mucha angustia y son difíciles de controlar.


Raíces del problema


La causa específica de la fobia en mascotas no está debidamente aclarada para la ciencia veterinaria y si bien se conocen algunas certezas, existen varias teorías que nos permiten entender las razones de este complejo problema. Si bien en muchos pacientes las causas determinantes no logran rastrearse a través del tiempo, sabemos que los animales que posean menor desarrollo sensorial, social y afectivo tendrán más tendencia a mostrar este trastorno. Las experiencias tempranas negativas e inadecuadas ante los estímulos novedosos y las experiencias traumáticas pueden condicionar al animal a sufrir futuras fobias. La fobia pos-traumática se instaura después de un accidente sensibilizante o experiencias traumáticas asociadas con el estímulo en cuestión. Por ejemplo, animales que observaron o estuvieron cercanos a una explosión. La exposición a un estímulo frecuente, de baja intensidad, en una situación abierta, en un individuo con buen desarrollo sensorial y comportamental conduce al acostumbramiento. Si el estímulo es ocasional e intenso como truenos, disparos o petardos, produce una respuesta fisiológica de miedo. Aun así si no tiene consecuencias, después de varias exposiciones se produce la habituación y deja de responder. En cambio si se asocia a experiencias como persecución o castigo, sin posibilidad de escapar, en animales predispuestos o durante la etapa del desarrollo, se transforma entonces en un estímulo generador de fobia aunque no presente un peligro real.


Síntomas


Son variados y no todos los animales presentarán la misma constelación de signos ya que no a todos los afecta por igual porque que existen diferentes grados de fobias. Algunos perros pueden exhibir solo un jadeo nervioso o temblor, algunos suman signos como babear intensamente suelen buscar al propietario que los alce o intentan esconderse con el infructuoso objetivo de liberarse de los sonidos. Los casos más complejos cursan con vómitos diarreas, agitación desmedida, llantos y gritos o intenciones violentas y reiterativas de escape donde no dudan en romper los vidrios de ventanas, atascarse entre rejas o destruir una puerta para ganar la calle considerando que eso los salvara del tedioso estimulo. En el plano médico se observa que la frecuencia cardíaca se eleva desmesuradamente, también aunque en menor medida se incrementa la temperatura y la presión arterial y es muy común que se acelere el tránsito intestinal producto del poderoso estrés que experimentan en esta situación. Sus pupilas lucen dilatadas y la agitación nerviosa se intensifica intentando refrigerar al paciente sufriente.


Tratamiento


Podemos dividirlo en dos grandes partes, la terapia médica y la terapia conductal, es decir Etológica o vulgarmente conocida como psicológica. Está claro que los cuadros más complejos son más difíciles de tratar y que probablemente en ningún caso aplicar solo una medida curará o será efectiva ya que en la matriz de la enfermedad intervienen muchos factores que comienzan desde la etapa de cachorro y que van profundizándose con los años donde se observa una marcada alteración en los niveles de determinados neurotransmisores cerebrales. Dentro del terreno etológico es necesario consultar a un profesional veterinario para que sugiera el conjunto de medidas necesarias para cada caso, pero requiere de un profundo compromiso familiar y una dedicación que en ocasiones resulta difícil de llevar a cabo por lo compleja y extensa, al punto que no alcanzaría esta nota para poder explicarla en su totalidad. En el plano farmacológico podemos decir que existen drogas ansiolíticas y tranquilizantes pero regularmente como la mayoría de los casos solo se presenta en relación a las fiestas, el propietario solo consulta el día anterior y allí no queda opción que utilizar un tranquilizante que resulta de ayuda aunque de impacto bajo o moderado. Si la consulta se hace unas semanas antes se puede mejorar la terapia farmacológica y en los casos más serios o con propietarios más previsores que cuenten con tiempo y recursos suficientes se desarrolla una terapia combinada que conducirá a una mejora notable.


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Nuestras mascotas y la pirotecnia: cómo ayudarlos

Todos los años que se acercan las fiestas a los amantes de los animales nos invaden sentimientos encontrados, por un lado todo lo que significa para la familia, los encuentros, los festejos, los regalos y la alegría de los niños, pero por otro lado sufrimos porque sabemos que nuestras mascotas pasaran un momento desagradable que en ocasiones no nos permite disfrutar al máximo de la alegría reinante. La pirotecnia sigue estando presente en los festejos y si bien divierte a muchos y no deja de ser atractiva para todos, los propietarios de mascotas sufren ya que sus mascotas padecen con mucha intensidad los efectos sonoros de los fuegos de artificios y los petardos.

Mitos y verdades del problema

Muchas personas sostienen que la razón del efecto dañino de la pirotecnia en mascotas es por la sensibilidad auditiva de los mismos, ya que como es sabido, nuestros compañeros de ruta, poseen capacidades auditivas superiores a nosotros. Un mito construido como muchos otros sobre la base de una verdad irrefutable, es cierto que escuchan mejor y detectan sonidos inaudibles para nosotros, pero la razón es más compleja y se trata de una fobia a los sonidos fuertes. En términos coloquiales podemos decir que fobia es un miedo intenso, desproporcionado y compulsivo hacia objetos o situaciones específicas. Nuestras mascotas y especialmente los perros son sensibles a desarrollar estos comportamientos que a menudo provocan mucha angustia y son difíciles de controlar.

Raíces del problema

La causa específica de la fobia en mascotas no está debidamente aclarada para la ciencia veterinaria y si bien se conocen algunas certezas, existen varias teorías que nos permiten entender las razones de este complejo problema. Si bien en muchos pacientes las causas determinantes no logran rastrearse a través del tiempo, sabemos que los animales que posean menor desarrollo sensorial, social y afectivo tendrán más tendencia a mostrar este trastorno. Las experiencias tempranas negativas e inadecuadas ante los estímulos novedosos y las experiencias traumáticas pueden condicionar al animal a sufrir futuras fobias. La fobia pos-traumática se instaura después de un accidente sensibilizante o experiencias traumáticas asociadas con el estímulo en cuestión. Por ejemplo, animales que observaron o estuvieron cercanos a una explosión. La exposición a un estímulo frecuente, de baja intensidad, en una situación abierta, en un individuo con buen desarrollo sensorial y comportamental conduce al acostumbramiento. Si el estímulo es ocasional e intenso como truenos, disparos o petardos, produce una respuesta fisiológica de miedo. Aun así si no tiene consecuencias, después de varias exposiciones se produce la habituación y deja de responder. En cambio si se asocia a experiencias como persecución o castigo, sin posibilidad de escapar, en animales predispuestos o durante la etapa del desarrollo, se transforma entonces en un estímulo generador de fobia aunque no presente un peligro real.

Síntomas

Son variados y no todos los animales presentarán la misma constelación de signos ya que no a todos los afecta por igual porque que existen diferentes grados de fobias. Algunos perros pueden exhibir solo un jadeo nervioso o temblor, algunos suman signos como babear intensamente suelen buscar al propietario que los alce o intentan esconderse con el infructuoso objetivo de liberarse de los sonidos. Los casos más complejos cursan con vómitos diarreas, agitación desmedida, llantos y gritos o intenciones violentas y reiterativas de escape donde no dudan en romper los vidrios de ventanas, atascarse entre rejas o destruir una puerta para ganar la calle considerando que eso los salvara del tedioso estimulo. En el plano médico se observa que la frecuencia cardíaca se eleva desmesuradamente, también aunque en menor medida se incrementa la temperatura y la presión arterial y es muy común que se acelere el tránsito intestinal producto del poderoso estrés que experimentan en esta situación. Sus pupilas lucen dilatadas y la agitación nerviosa se intensifica intentando refrigerar al paciente sufriente.

Tratamiento

Podemos dividirlo en dos grandes partes, la terapia médica y la terapia conductal, es decir Etológica o vulgarmente conocida como psicológica. Está claro que los cuadros más complejos son más difíciles de tratar y que probablemente en ningún caso aplicar solo una medida curará o será efectiva ya que en la matriz de la enfermedad intervienen muchos factores que comienzan desde la etapa de cachorro y que van profundizándose con los años donde se observa una marcada alteración en los niveles de determinados neurotransmisores cerebrales. Dentro del terreno etológico es necesario consultar a un profesional veterinario para que sugiera el conjunto de medidas necesarias para cada caso, pero requiere de un profundo compromiso familiar y una dedicación que en ocasiones resulta difícil de llevar a cabo por lo compleja y extensa, al punto que no alcanzaría esta nota para poder explicarla en su totalidad. En el plano farmacológico podemos decir que existen drogas ansiolíticas y tranquilizantes pero regularmente como la mayoría de los casos solo se presenta en relación a las fiestas, el propietario solo consulta el día anterior y allí no queda opción que utilizar un tranquilizante que resulta de ayuda aunque de impacto bajo o moderado. Si la consulta se hace unas semanas antes se puede mejorar la terapia farmacológica y en los casos más serios o con propietarios más previsores que cuenten con tiempo y recursos suficientes se desarrolla una terapia combinada que conducirá a una mejora notable.

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