urnas ok

octubre 31, 2015 9:00 am

Es quizá una frase popular que en más de un argentino, de los millones que sufragan, suene fuerte en sus consciencias caminando hacia el balotaje del 22 de noviembre venidero. Expresión que cae a medida del candidato oficial porque su piel política lo vivió, ya que de la algarabía de las PASO nacionales fue a la lógica preocupación de las generales del domingo pasado que lo ha obligado a dar un giro de 180º en su ingeniería de campaña para intentar quebrar el maleficio de “las segundas partes”.

De igual modo se presentó la cuestión para el principal candidato de la oposición, que no pudo traspasar el umbral del éxito electoral y confirmó su segundo puesto tal cual fue colocado por el ciudadano en las PASO de 9 de agosto. Aunque, en honor a la verdad, el domingo Mauricio Macri se mostraba al filo de la euforia total, frente al grito desesperado de Daniel Scioli, que en brazadas de ahogado intentaba agarrarse inmediatamente de los votos de Sergio Massa y hasta de los de Margarita Stolbizer. Adolfo Rodríguez Saa y Nicolás del Caño.

Hoy los dos le hablan mañana, tarde y noche a la ciudadanía por todos los medios posibles. Uno queriendo hacer entender que “él es él” alejado de compromiso, mecanismo y acción de quienes se van del gobierno el próximo 10 de diciembre. Cuestión muy difícil, porque la gente con absoluta memoria lo recuerda como vicepresidente de Néstor Kirchner, aceptando con sumisa obediencia todo tipo de desplantes y humillaciones que no se privaron de ser mostradas en público sin tener contemplaciones en la investidura que ostentaba y tan siquiera su condición de persona. Más adelante todo lo que tuvo que hacer para gobernar la provincia de Buenos Aires, con un vicegobernador que “chapeó” sobre sus espaldas toda vez que se le dio la gana con la bendición del poder presidencial. Mismo poder que en todo momento y lugar lo ridiculizó y lo retó, sin mirar nuevamente su investidura y su condición ciudadana. Para completarla, tuvo que aceptar que le colocaran un siniestro personaje ultra K como compañero de fórmula. Clara señal que para nada se alejarían todas aquellas humillaciones y controles de políticas de estado de un poder que operaría en las sombras con total impunidad en su gestión presidencial.

En definitiva un cúmulo de aspectos donde los esfuerzos de demostrar que es Scioli y solo Scioli, solo podrían obtener un acotado beneficio de esa gran masa de dirigentes y simpatizantes históricos del peronismo que en los últimos años estuvo en la vereda de enfrente del kirschnerismo y de todos aquellos ciudadanos que no quieren que aquí nada cambie.

El otro presidenciable también “está a la caza” de aquellas consciencias que quieren otro país. Dirigente que no necesita demostrar que él es Macri, pero que no debe olvidar que ha llegado muy lejos porque la fuerte estructura del frente Cambiemos hizo una puesta en valor de su gestión como jefe de Gobierno porteño. Y que aún así, en muchos puntos de la geografía nacional no era tan conocido como para seducir el voto ciudadano y que si obtuvo sufragios, fue porque la gente votó al dirigente local propuesto a cargos de provincia o de Nación con los colores de Cambiemos. Allí surge como elemento indiscutible la UCR, pilar estratégicamente fundamental para que hoy Mauricio Macri tenga potenciales posibilidades de ser presidente de la nación.

Cuestión que muestra a propios y extraños que si UNEN hubiera subsistido a “caprichos, vedetismos y mezquinos intereses de algunos dirigentes”, la UCR  estaría disputando posibilidades de volver a gobernar el país. El caso de Julio Cobos en Mendoza con el arrasador paso a lo largo de todo el calendario electoral  y la aceptación nacional del ex vicepresidente es el fuerte caso testigo de lo expresado.

Los treinta días que a esta altura ya son “rápidamente menos desde el domingo” serán dinámicos para la vida democrática de la nación. Donde todas las piezas que hacen a la política argentina se moverán continuamente en el complejo tablero donde todo está en juego. Esencialmente el futuro del país y aquellas soluciones que inmediatamente deben sobrevenir a flor de piel de la gestión que asuma el 10 de diciembre, ante los graves problemas económicos, sociales e institucionales que tiene la nación.

De allí entonces que los más de 32 millones de ciudadanos habilitados para sufragar deberán tener con absoluta libertad de conciencia y con ineludible responsabilidad ciudadana un trascendente protagonismo con su sufragio. Sabiendo lo que ello implica, más allá de pasiones políticas y con sincero análisis interior de todo lo que le ha pasado a la República Argentina en los últimos 15 años. Derrotando el añejo dicho popular que “nunca segundas partes fueron buenas” o quizá transformándolo en inapelable maleficio sobre las consciencias de los improvisados impolutos de la Nación.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

Dejá tu opinión

comentarios