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septiembre 28, 2016 11:12 pm

El deshielo en las relaciones Estados Unidos-Cuba sigue avanzando. Aunque el proceso es lento y casi unilateral, con escasos gestos en la isla.

Si la apertura mutua de embajadas había marcado un año antes el arranque de un proceso histórico, el nombramiento oficial del inquilino que se instalará en La Habana era el siguiente paso. El presidente Obama nombró ayer a Jeffrey De Laurentis embajador de Estados Unidos en Cuba, una designación que no hace sino formalizar la que ya era una presencia real en la legación norteamericana en suelo cubano (antes oficina comercial), en la que ahora mismo ya es el diplomático de mayo rango.

Obama destacó ayer en una declaración pública que “no existe un mejor servidor público que Jeff” para llevar a cabo esta labor, recordando que su “liderazgo” había sido “fundamental” para el reestablecimiento de las relaciones entre ambos países.

Sin embargo, el nombramiento se puede ver entorpecido con la mayoría republicana en el Senado, que debe ratificarlo para su entrada en vigor y el comienzo del proceso para la toma de posesión de De Laurentis. Según han declarado en repetidas ocasiones los dos senadores republicanos de origen cubano, Marco Rubio y Ted Cruz, su intención es rechazar cualquier iniciativa dirigida al normal restablecimiento de relaciones hasta que el régimen de Castro no dé ningún paso en la apertura del régimen, el restablecimiento de las libertades y la convocatoria de elecciones. No es previsible que los demócratas y Obama encuentren suficientes aliados republicanos como para dar la vuelta a la votación.

Ben Rhodes, asesor de seguridad nacional de Obama, abogó ayer por el visto bueno al nombramiento porque, a su juicio, “contar con un embajador es precisamente lo que te aporta el perfil alto y la capacidad de hablar (con el régimen) de un futuro restablecimiento de los derechos humanos”.

 

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