devi cris

diciembre 13, 2015 10:20 am

Según publica hoy PERFIL en su portal digital, un grupo de directivos de Enarsa–la empresa estatal de energía creada por Néstor Kirchner– bautizó hace algunos años el caso como la historia del Perla negra, una narración fascinante que contaba el fatídico derrotero de un barco de gas importado por el que el Estado pagó millones de dólares, aunque nunca arribó a la Argentina.

En honor al mítico barco fantasma de la saga hollywoodense Piratas del Caribe, el relato cuenta el frustrado itinerario de un buque metanero de gas natural licuado (GNL) adquirido en agosto 2008 por la empresa estatal de energía, que entre 2004 y 2012 funcionó bajo la exclusiva órbita del Ministerio de Planificación que dirigió Julio De Vido.

El cargamento debía arribar a Buenos Aires a más tardar el 17 de septiembre, según el contrato que revela hoy PERFIL. Pero nunca completó su recorrido. La maniobra esconde un desvío de fondos millonarios del Estado hacia Suiza.

PERFIL accedió a documentación que corrobora la veracidad de ese episodio, que podría convertirse en una pieza clave para indagar sobre la metodología utilizada por Enarsa para seleccionar a las empresas proveedoras de GNL, un negocio que desde 2010 a la fecha costó US$ 14.148 millones según datos oficiales y se convirtió en una de las grandes causales de la escasez de dólares en la economía local.

El 5 de agosto de 2008, Enarsa –creada por Néstor Kirchner en 2004 a fin de administrar, entre otros rubros, la millonaria cuenta de los subsidios energéticos– firmó un contrato con Contrater Consulting SL, una firma española con sede en Madrid sin ningún tipo de experiencia en el sector energético. Contrater Consulting fue contratada por la empresa estatal argentina para adquirir un buque metanero de gas desde Rusia. Para ese entonces no existía ninguna terminal de GNL operativa en ese país (la primera se inauguró un año más tarde).

Los expedientes que inquietan a miembros clave de la era K
El documento está redactado en inglés bajo el título “Sales and purchase contract Russian liquid natural gas”. Su difusión empieza a dar entidad a las sospechas transmitidas en los últimos años desde usinas empresariales y políticas en torno al presunto cobro de sobreprecios durante el proceso de importación de gas por barco.

El convenio firmado con Contrater Consulting deja en evidencia que Enarsa contrató a una empresa ignota que no contaba con avales suficientes para operar como trader de GNL y le encomendó el aprovisionamiento de gas, una de las áreas más sensibles del manejo energético. Lloyd Babbel, presidente de Contrater Consulting, firmó como apoderado de la empresa. Babbel es de origen alemán y la información sobre él es prácticamente nula.

Según el extracto bancario al que accedió PERFIL, Enarsa transfirió el 8 de agosto de 2008 US$ 57.311.100 a Contrater Consulting SL . Monumental cifra para una “microempresa (según la terminología utilizada por el Registro Mercantil de Madrid) dedicada a la compra y venta al por menor y mayor, importación, exportación y distribución de hornos industriales”. La firma no poseía ningún tipo de experiencia en el negocio de combustibles.

Según el Boletín Oficial del Registro Mercantil de España, la última actividad comercial de Contrater Consulting data del 12 de septiembre de 2008. Es decir, al mes siguiente de la firma de convenio de Enarsa y de recibir un cobro millonario por un barco que nunca despachó. Desde entonces, la empresa se encuentra a la deriva –fue intimada por la Justicia española a que regularice la situación- y hoy está al borde de la disolución.

Hay más sorpresas con Contrater Consulting. Dos meses después de firmar el contrato con la empresa estatal de energía, el 7 de octubre de 2008 la firma española suscribió con Enarsa y Roberto Dromi una adenda al contrato original del 5 de agosto para entregar al ex ministro menemista los “derechos y obligaciones” cedidos por el Estado argentino a Contrater Consulting. En otras palabras, Dysan y Dillingetia –las empresas de la familia Dromi– se quedaron con un contrato millonario a pesar de que tampoco tenían experiencia en el despacho de hidrocarburos. De esta forma, Dromi aterrizó en el negocio de la importación de gas.

El contrato original entre Enarsa y Contrater Consulting está firmado por Rubén Etcheverry, entonces gerente de Operaciones y Nuevos Negocios de Enarsa y avalado por su presidente, Exequiel Espinosa, que llegó a ese cargo de la mano de De Vido. Espinosa –uno de los pasajeros del avión en el que viajó Antonini Wilson con su famosa valija con US$ 800 mil– manejó el negocio de importación de GNL con línea directa con Roberto Baratta, ex coordinador de Planificación.

En la adenda, Enarsa señala que a raíz de “la benignidad climática del invierno” fue necesario importar menos GNL del previsto (alega que se trajeron cinco de los ocho cargamentos previsto); argumenta que, en ese marco, Enarsa le propuso a Contrater una rebaja del 30% del precio del gas, algo que ésta no aceptó, por lo que llegó a un acuerdo privado cerrado el 22 de septiembre con Dysan para transferirle los derechos obtenidos en el contrato con Enarsa. Por último, estipula que la firma de Dromi se haría cargo de concretar el envío de GNL durante el invierno de 2009.

Importación de GNL: un negocio de apuro
La Argentina comenzó a importar GNL de manera imprevista en el invierno de 2008, cuando como resultado de la crisis energética fue necesario traer gas por barco para cubrir la demanda residencial frente a la caída de la producción local del fluido. La mayoría de los buques metaneros despachados ese año fueron adquiridos directamente a la española Repsol, que todavía era propietaria de YPF.

Lo que marca la documentación a la que accedió PERFIL es que en lugar de convocar en una licitación a compañías dedicadas al despacho de combustibles, el Ministerio de Planificación optó por cerrar un acuerdo con una firma desconocida como Contrater Consulting para que se encargara de “la primera provisión de GNL”. Así está consignado en los puntos 4 y 5 de la adenda firmada dos meses después con Dysan y Dilligentia, las empresas del ex ministro Roberto Dromi, que compraron los derechos de este primer contrato e ingresaron así en el negocio./ Fuente: Perfil.com

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