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abril 27, 2016 12:14 pm

El tema de las demoras para pasar a Chile, o volver a la Argentina, es harto conocido por los viajeros. Y ya que pusimos la palabra “harto” (tan típica para los chilenos), aprovechamos y definimos con ese término al estado de ánimo de cualquier persona que se anime a hacer el cruce por tierra: los pasajeros están HARTOS.

Tanto en invierno como en verano, las complicaciones están a la orden del día. Cuando no son los aludes argentinos, del lado chileno hay mal tiempo. Cuando el Túnel Cristo Redentor no está clausurado, los empleados chilenos hacen huelga. En verano, colas interminables para hacer el trámite correspondiente. En invierno, el tiempo y sus devenires. Como sea, cruzar a Chile es, hoy por hoy, una experiencia que le quita el poco humor que ya tienen los viajeros.

Pero ahora el asunto es más grave y vergonzoso: una simple fotografía demuestra que la desidia, la falta de respeto, el “qué me importa el otro”, no son privativos de los argentinos. En el complejo Los Libertadores, ya en tierra chilena, puede observarse cómo una empleada juega y ve videos en una computadora, mientras la gente espera detrás del mostrador para ser atendida.

A nadie que haya cruzado a Chile, o haya vuelto desde allí hacia la Argentina, se le escapa que el trámite puede durar horas. Pero cuando observamos estas actitudes, caemos en la cuenta de que todo podría ir mejor, pero eso no ocurre: muchos demuestran una total falta de consideración por aquel que, legalmente, quiere cruzar de un lado a otro.

Los argentinos nos caracterizamos por ser bastante dejados y malintencionados. Pero esta imagen, tomada hace algunas semanas, demuestra que esas actitudes no son privativas de nosotros.

La gente espera, la gente toma frío. Hay un solo baño. Hay maltrato. Y encima, el viajero debe esperar a que una empleada aburrida termine de ver su video. Recién ahí, tal vez, el coche avance hacia su destino.

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