Paso tunel chile 2

marzo 24, 2016 11:21 am

Las delicias gastronómicas y los paisajes son algunos de los atrayentes de Chile para los mendocinos. Los precios y la cercanía, otros. ¿Cómo no tentarse con los precios de los outlets de Quillicura? ¿Cómo no comprar neumáticos (que están prohibidos pasar) si valen un 50% menos que en nuestro país?

Es por eso que durante las vacaciones y los fines de semana largo, miles proyectan el viaje de placer, que se transforma en terror.

¿Cómo es esto? Bueno, la ruta que nos lleva hasta la frontera es una delicia de paisaje, de localidades y hasta de paradas gastronómicas únicas. El quid se encuentra del otro lado de la frontera… en el temido control aduanero “Los Libertadores”.

Ese lugar que parece que está en obras hace cientos de años y que nunca tiene mejoras. Con baños en muy mal estado, precios infladísimos si uno quiere picar algo y la peor de las atenciones. Cosa curiosa, ya que cuando uno se adentra en Chile no encuentra más que buena gente, mejores costumbres y excelente trato.

Durante el verano 2015 – 2016 se llegaron a contar por decenas las horas de espera que debimos soportar. Y digo “debimos”, porque me tocó vivirlo en carne propia. Siempre pensé que el periodista debe tener curiosidad, vocación y ganas de contar las cosas. Y para contarlas, hay que vivirlas. Es por eso que hay fenómenos que no debemos dejar pasar… el rocío de las cataratas del Iguazú en las mejillas, el sabor de un buen asado campero, los miles de colores del Valle de Uco al entrar el otoño, la brisa en alguna localidad de montaña y las horas de espera en la aduana. Cosas mendocinas, cosas que nos definen. Y es por eso que, con varios temores el 15 de enero fui testigo de la desidia de muchos. La leve sensación de que “acá no nos quieren” varias veces pasó por mi cabeza. Sin embargo luego de las 8 horas de espera se desvaneció porque, repito, una vez superada la prueba, uno se encuentra con el verdadero vecino.

Y es por eso que esta Semana Santa no nos íbamos a perder semejante espectáculo. Colas interminables de autos con chapa negra tratando de superar ese obstáculo para llegar a destino. Porque es así. La aduana se convirtió en un obstáculo, en una meta a superar. Y las caras de quienes esperan o gastan embrague y arranque lo dicen todo.

Muchos mendocinos ya decidieron que no van nunca más. Obviamente no se encuentran dentro del universo de 1.800.000 argentinos que en la última temporada cruzaron la cordillera.

Ahora bien, usted se preguntará sobre la solución. ¿Cómo mejoramos este inconveniente? Los políticos se lo vienen planteando desde hace mucho tiempo. Muchas preguntas y casi ninguna solución. Es más, la cosa es cada vez peor.

Sin embargo parece que ahora si se han puesto los pantalones. Hace apenas algunos días, la canciller argentina Susana Malcorra y su par chileno anunciaron que se va hacia un “control unificado”. Es decir, comenzaría a funcionar una tarjeta migratoria única y se realizará un solo control, no como hasta ahora que son dos, uno por cada país.

¿Será la solución definitiva? Sólo el tiempo lo dirá. Mientras, nosotros seguiremos pasando por esa amansadora con el fin de pisar la playa que tenemos a 400 kilómetros, comprar bueno y barato, comer rico (no tan barato) y sacarse alguna selfie con el atardecer de marco.

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