Paula Lucero

julio 20, 2016 10:25 am

Paula Lucero padece mielomeningocele, un defecto de nacimiento en el que la columna vertebral y el conducto raquídeo no se cierran antes del nacimiento, un tipo de espina bífida. Su primera intervención quirúrgica –la primera de varias– fue a los ocho días de vida. Pero a pesar de los inconvenientes, cursó la tanto la primaria como la secundaria en escuelas comunes, y hoy a sus 19 años desea estudiar Abogacía y cumplir el sueño de ser modelo profesional. “No es bueno que me discriminen por estar en una silla de ruedas”, dice Paula, y agrega convencida que “todos tenemos limitaciones”.

Crecer con la discriminación

Paula sabe de diferencias, de juegos no aptos para chicos con discapacidad motora, de baños públicos donde tiene que “arrugar” su silla para poder ingresar, de cajeros automáticos en los que hay que pedir ayuda porque la pantalla no está a su altura, de rampas tan empinadas que parecen escaleras… Y sabe ser independiente incluso cuando todo le cuesta el doble, y es cuestión de ponerse en sus zapatos o en su silla para poder entender de qué hablamos.

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“Nací así, siempre he dependido de una silla de ruedas… De chiquita no tenía problemas, porque en el jardín mis compañeros jugaban conmigo o usaban mi silla de ruedas para jugar; yo andaba por el piso y no me importaba, pero cuando empecé a hacerme más grande ya mis compañeras empezaron a dejarme de lado. Nunca fui de tener muchos amigos porque me cuesta, no soy muy sociable… Pero en ese caso no era yo, porque yo me acercaba y ellas me dejaban de lado y ahí me di cuenta de que nadie quería estar conmigo, así que jugaba sola”, resume Paula una situación de discriminación que se repitió a lo largo de su vida y se agravó en espacios donde reina la ignorancia.
“Antes me encerraba más, me escondía y no salía, no me gustaba que la gente me mirara, pero ahora ya me acostumbre”, asegura.

Aprender a la fuerza

Sin embargo, la discapacidad no fue impedimento para nada, ya que como chica inquieta siempre se las ingenió para poder jugar, e incluso estudiar normalmente. “Aprendí a la fuerza. En mi casa siempre me hacía mis cosas, fui muy independiente. A los 8 años ya me cambiaba sola y para lo único que dependo de mi mamá es para subir y bajar del micro, porque siempre he dicho que yo no soy trapo de piso para andar arrastrándome”, asegura la joven.

Paula cursó hasta sexto grado en la escuela Juan Cornelio Moyano, de Maipú, terminó la primaria en la escuela Viamonte y sus estudios secundarios los hizo en una escuela técnica. “Es una Técnica en madera, donde estudie seis años en doble turno. Siempre fui buena alumna y la única materia que me costó fue Matemática, el resto perfecto. El año pasado me recibí y este año me dediqué de lleno a mi rehabilitación, a hacer cosas para mí, porque en los anteriores no tenía mucho tiempo. Prácticamente me la pasaba en la escuela y sólo me quedaban libres los sábados y domingos, aunque los ocupaba para estudiar o hacer deporte”, explica la joven, quien luego de cursar la materia Marco Jurídico en sexto año, decidió ser abogada.

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“El profesor siempre me dijo que si quería ser abogada iba a tener que estudiar un montón. Sé que voy a tener que sacrificar muchas cosas, pero el estudio es el estudio y a mí me gusta, y si puedo, lo voy a hacer”, reflexiona la bella rubia con convicción.

El deporte ayuda…

“No me gusta quedarme quieta”, dice quien a los 14 empezó a entrenar y participar en los Juegos Evita en varias disciplinas, entre ellas atletismo, lanzamiento de bala y lanzamiento de disco, lo que le permitió conocer otras provincias y ver cómo en esos lugares los atletas discapacitados reciben más apoyo gubernamental para competir. Y aunque por estos días está con parte de enferma por una neumonía recurrente, Paula lleva adelante su rehabilitación con natación, gimnasio y karate adaptado.

Ahora, otro sueño: modelar

“Siempre quise ser modelo”, dispara la joven, y explica que pudo empezar a cumplir su sueño gracias a la Comisión de Reinas de Maipú (COREMAI), que ha realizado casi 30 desfiles de moda a beneficio de escuelas y comedores del departamento.

“Desde chica fui coqueta, me gusta ver desfiles en la televisión, amo la ropa, el maquillaje, los peinados y todo lo que tiene que ver con la moda, pero como estudiaba en una escuela en doble turno no podía hacerlo”, cuenta Paula, y relata lo que significó vivir esa experiencia en su vida: “Estar desfilando fue hermoso, muy lindo… Se pararon a aplaudirme y eso me emocionó mucho”, cuenta mientras se le ilumina la mirada.

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Su familia también vivió ese momento como algo mágico. “Mi mamá estaba en la primera fila y se puso a llorar cuando vio cómo la gente se paró a aplaudirme. Yo tenía muchas dudas de si iba a gustar, tenía miedo de hacer papelones, pero no pasó nada y por suerte estuvo todo bien”, recuerda Paula.

Moda e inclusión

Con respecto a la posibilidad de prepararse como modelo, la joven cuenta que envió solicitudes a varias agencias de modelos. “Me rechazaron por estar en silla de ruedas; es más, me preguntaban que cómo iba a ser modelo si estaba en silla de ruedas… Y no me pareció bien, porque yo he visto modelos en silla de ruedas y no necesariamente tenés que modelar en la pasarela. Podés ser modelo de joyas o de peinados y por eso me pareció una tontera”, comenta.

Pero lo bueno de todo esto es que finalmente en una de esas agencias le respondieron afirmativamente. Se trata de Giorgio Nocentino Models, que además de capacitar a un gran grupo de alumnos de diferentes edades, es la encargada de llevar organizar en la provincia los concursos de Mr. y Miss Mundo Mendoza.

Después de la charla con Paula, esta cronista se comunicó con el responsable de la agencia y fue el mismo Giorgio quien reconoció que habían recibido la solicitud y la habían aceptado inmediatamente, pero que quedaron en comunicarse con ella una vez resuelto el espacio de las prácticas semanales, ya que se llevan a cabo en un primer piso, al cual sólo se accede por escaleras.

“Todo el mundo discrimina; se burlan de todo, si sos gordo, si sos flaco, si usás lentes… Yo creo que falta conocimiento porque la peor discapacidad que existe es la ignorancia”. La frase de Paula nos deja pensando y nos invita a abrir la cabeza y empezar a mirar la vida desde otro lugar…

Producción fotográfica: Pablo González Repetto

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