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mayo 23, 2016 7:23 am

Muchos parecen olvidarse lo que ha sido ejercer la tarea de prensa en los últimos tiempos de la vida de Argentina. Momentos sumidos en fuerte censura y ese pestilente servilismo hacia el poder de turno que blindó aún más lo primero, produciendo con inmerecido desprestigio la tarea de informar. Allí hubo de todo: los que se codearon con el poder para mentir y cargar sus cuentas bancarias con abultadas cifras; los que se callaron en las cómodas posturas que implica “el negocio de la libertad de prensa”; los que inventaron “el periodismo militante” para monitorear a los anteriores, ponderar hasta el hastío la GRAN mentira oficial y denostar el objetivo trabajo de aquellos medios y periodistas que “NO se callaron y NO tranzaron con el discurso oficial”.

El trabajo de la prensa implica, para los que ejercemos con dignidad la tarea de informar, un desafío histórico sobre “ese” lugar donde el trabajador de prensa debe estar parado. Lugar único e indisoluble que se ajusta a “verdad, objetividad, transparencia, respeto y compromiso con lo anterior”; puntos que encierran esa misión crítica e informativa, “sin censura previa”, tal cual refleja la constitución Argentina en los artículos 1, 14, 32, 33, 43, 68 y 83.

Hoy, muchos medios y periodistas intentan transitar “esos caminos profesionales” fuertemente criticados en los últimos años. Callar lo que le sucede al país y a la provincia, NO hablar de pobreza, NO reflejar protesta de trabajadores, NO escuchar a ese ciudadano que le cuesta el día a día ante esa despiadada inflación. No mostrar los datos que indican que hay más pobreza, jóvenes desocupados, mayor porcentaje de desnutrición infantil, de mortalidad materno-infantil y de familias que engrosan los que viven por debajo de la línea de la pobreza. Pareciera ser que todo eso hay que “ocultarlo o morigerarlo” en el trabajo informativo, ante la presunción que al gobierno de turno a eso de “hablar de todo y preguntar de todo” NO lo vería con agrado.

Como se aprecia, a los periodistas nos está costando volver a ubicarnos en ese punto de equidistancia que nunca deberíamos haber perdido. Punto que solo se retoma con una actitud simple: “no callarse nada y preguntar todo”. Preguntarle al presidente Mauricio Macri porqué vetó la ley antidespidos; o por qué está involucrado o lo comprometería el caso de los Panamá Papers; o por qué no se puede controlar la inflación o sancionar los abusos supermercadistas. Preguntarle al gobernador Alfredo Cornejo por qué no se pueden neutralizar abusos laborales y el empleo en negro en la provincia; o por qué no aceptar o apoyar un proyecto de ley para que familiares de funcionarios de los tres poderes NO tengan trabajo en el estado; o si ha recorrido suficientes escuelas como para saber cómo funciona el sistema, sus docentes y en qué situación está la educación de los mendocinos. Ejemplos traídos a colación de una realidad que hoy se manifiesta tanto en el país, como en la provincia y que es parte de TODO lo que se debe informar. Logros y complicaciones por igual, sin censura o inaceptables restricciones.

Desde el periodismo argentino hemos pregonado por mucho tiempo, y en todo foro que pudimos, esa necesidad de que el país cuente con una Ley de Acceso a la Información Pública. Instrumento que hoy es tratado tanto en el parlamento de la nación con una media sanción, como en la legislatura mendocina. Si bien al cabo es un trascendente aspecto para que el ciudadano tenga acceso a todo lo que sucede en los andamiajes de un gobierno, sobre todo en la administración de esos dineros públicos y su utilización, para el periodismo es otro elemento muy importante, pero “no el trascedente”. Además, de qué serviría si continuamos alimentando esas reprochables actitudes que desdibujaron la tarea de prensa de los últimos años.

Los periodistas no deberíamos perder esa actitud con la que sobrellevamos por décadas la digna tarea de informar. Esa que implica que no somos “ni amigos, ni enemigos” del gobierno de turno. Solo esos profesionales cuya actividad es vital para conectar los acontecimientos de la vida del país y sus ciudadanos. Actitud que nos valió soportar los duros pasos de los avasallamientos del menemismo, del duhaldismo y de la espantosa época del kirchnerismo. La misma actitud por la que la consciencia colectiva del país no perdió de estar informado correctamente sobre las cosas que lesionaron su economía, su trabajo, su sistema de salud, su educación y todo el andamiaje de la nación. Misma actitud que hoy debemos tener muy en cuenta si no queremos caer en un laberinto de incomprensibles contradicciones profesionales donde la cuestión llegue a ser callarse o no callarse. Lo cual sería preocupante y demostrativo de que el país perdió nuevamente el horizonte informativo.

Daniel Gallardo

Periodista y Productor de Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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