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diciembre 17, 2014 11:44 am

Investigadores del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria, INTA, y del Conicet confirmaron que las plantas identifican a aquéllas con características genéticas similares y cooperan entre sí, de lo contrario, compiten por la luz. “Suena increíble, pero las plantas pueden reconocer a sus parientes por la forma de su cuerpo y actúan en consecuencia”, aseguró María Crepy”, técnica del INTA Concepción del Uruguay, Entre Ríos, e investigadora del Conicet.

Junto a Jorge Casal –investigador del Conicet y jefe del Laboratorio de Fisiología Molecular de Plantas del Instituto Leloir–, los especialistas analizaron el comportamiento de Arabidopsis thaliana, una especie de crucífera muy usada como modelo en estudios de fisiología vegetal. Así, confirmaron que las plantas se reconocen mediante señales químicas de las raíces y, además, distinguen si las vecinas son parientes o no a través de receptores de luz, llamados fotorreceptores. La investigación fue recientemente publicada en la revista científica New Phytologist, indicó INTA Informa.

En tanto, “la luz reflejada por cada planta” –explicó Casal– “configura un perfil de luz y de sombras que funciona como un sello de identidad que puede ser visto por otras plantas mediante foto receptores y distinguir, así, el parentesco de sus vecinas”. De acuerdo con la investigación, las plantas pueden reconocer a sus parientes por la forma de su cuerpo y actúan en consecuencia, el estudio reveló lo que ya los ingenieros agrónomos habían detectado y es que cuando las plantas tenían características genéticas similares cada una direccionaba el crecimiento de sus hojas hacia fuera de la hilera.

De esta manera, minimizaban la interferencia con sus vecinas. En cambio, si los perfiles genéticos eran diferentes, en lugar de cooperar entre ellas, competían por la luz. “Es un resultado muy sorprendente” aseguró Casal, quien además integra el Instituto de Investigaciones Fisiológicas y Ecológicas Vinculadas a la Agricultura (IFEVA) de la Facultad de Agronomía de la UBA.  Agregó: “Las plantas nos enseñan que si nos ponemos de acuerdo, resignar un poco de sí puede redundar en un beneficio para todos” ya que cuando las plantas cooperan entre sí, amontonan sus propias hojas de modo que se sombrean entre ellas y, como todas hacen lo mismo, se reduce el sombreado mutuo.

Como consecuencia, cuando todas las plantas de la hilera apartan sus hojas de las vecinas, cada una rinde más en producción de semillas: “Este beneficio colectivo es mayor que el costo individual”, puntualizó Casal.

 

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