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abril 1, 2016 9:39 am

Sostiene un viejo aforisma geográfico que siendo todos los demás factores iguales, el tamaño importa. Nos preguntamos si el mismo es aplicable a la dimensión de los países. Vale decir si cuanto más grandes, más poderosos son. Veamos.

De la lista de los diez países más extensos del mundo, dos de ellos, Rusia y los EE.UU., entran en ese categoría; mientras que otros dos, Kazajstán y Argelia no comparten esta característica; a la a par que a la India se le podría reconocer una de grandeza histórica; y a otros como a Brasil, especialmente, a Canadá, Australia y la Argentina se le podría asignar la de una grandeza potencial.

Como vemos, el interrogante planteado sigue sin una respuesta adecuada. sigamos.

¿Qué sucede cuando algo que ya es grande crece aún más? Parecería ser un signo de vitalidad. Tal como fue el caso de la expansión del territorio norteamericano a lo largo de su breve historia. El que fue creciendo mediante compras, conquista y permutas.

Hoy sabemos que por un fallo de la CONVEMAR (Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar) nuestro país ha visto ampliado en un 35% su plataforma marítima. En otras palabras, ganó 1,7 millones de kilómetros cuadrados.

Otras consecuencias importantes son las siguientes:

• Los nuevos límites significan un aumento de más de e 1,8 millones de kilómetros cuadrados de NUESTRO territorio soberano sobre la plataforma continental. Lo que es equivalente al 48% del territorio emergido si es que se lo sumamos a los aproximadamente 4,8 millones de kilómetros cuadrados comprendidos entre las líneas de base y las 200 millas náuticas. De este modo, nuestra plataforma continental como componente de nuestro territorio argentino pasa a tener un total de 6,6 millones de kilómetros cuadrados.

• La Argentina, a la par que mantiene la soberanía sobre su Zona Económica Exclusiva hasta las 200 millas náuticas, ahora suma los derechos exclusivos de explotación correspondientes a su plataforma marítima, la que se establece a las 350 millas náuticas de su línea de costas. Con lo que se reafirman nuestros derechos de soberanía sobre los recursos del lecho marino; tales como: minerales, hidrocarburos y especies sedentarias, como langostas y mejillones, entre otras.

• Tal como lo expresa el diputado nacional por Cambiemos Mario Amadeo, “…el reconocimiento otorga más fuerza para el diálogo, amplía los lugares donde la Argentina puede reclamar soberanía y refuerza aún más el valor de la diplomacia como el camino para recuperar las Malvinas”.

Resumiendo, como lo hace el doctor César Augusto Lerena, experto en pesca y recursos naturales, “La ratificación del límite exterior de la Plataforma Continental Argentina por parte de la ONU es el hecho más trascendente en los últimos 50 años para la soberanía nacional argentina. Un importantísimo reconocimiento de las Naciones Unidas sobre nuestros derechos sobre las Islas Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur y la Antártida Argentina, que reafirma los reclamos territoriales y marítimos de nuestro país respecto a sus derechos territoriales en el Atlántico Sudoccidental”.

También, hay que mostrarse de acuerdo respecto de que este paso trascendente se logró por la observancia a lo largo del tiempo de una política de estado. Lo que ha puesto de manifiesto la capacidad profesional de los embajadores y técnicos que integraron la Comisión del Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA) de la Cancillería; quienes pese a las dificultades instrumentales y económicas, realizaron un tarea científica y jurídica encomiable en favor de nuestros intereses vitales.
Otro aporte muy importante provino de nuestra Armada que lo consideró siempre como un proyecto estratégico y que la llevó a colaborar con el trazado de nuevos límites con el trabajo, durante años, del buque oceanográfico Puerto Deseado.

Todo muy bien, pero seguimos sin responder a nuestro interrogante inicial: “si el espacio es poder”. Una respuesta necesaria, especialmente cuando nos referimos a los espacios marítimos, y que queda resaltada por los recientes hechos de pesca ilegal que ponen en evidencia fallas por parte de nuestro país para controlar una zona que ya era muy amplia. Y que ahora, como hemos explicado, se ha ampliado aún más.

Lo que nos lleva a una primera y evidente conclusión. Obviamente, que el espacio es poder, pues implica -entre otras cosas- la presencia de recursos que pueden ser aprovechados; pero, agregamos, siempre y cuando se lo pueda usar a ese espacio en beneficio propio. Vale decir si se está en condiciones de controlarlo y explotarlo en beneficio propio.

Un espacio no controlado, por el contrario, lejos de ser una ventaja, bien puede transformarse en una desventaja para quien lo posea.

Esto nos lleva a otra conclusión: que en la estrategia, el tiempo vence al espacio. O dicho con otras palabras, más importante que disponer de un gran espacio es lo que uno hace a lo largo del tiempo con ese espacio.

Si esto no fuera así, países con extensiones territoriales reducidas como la Gran Bretaña o Prusia no hubieran prosperado nunca como lo han sabido hacer en sus respectivos pasados.

Los ejemplos elegidos no lo han sido al azar, pues, mientras el primero de ellos eligió ser la Reina de los Mares, la segunda optó por tener a la mejor fuerza militar terrestre del continente europeo.

En nuestro caso particular no se trata de conquistar algo que no nos pertenece. Simplemente, queremos controlar lo que nos pertenece. Para lo cual la disposición de un sistema de defensa apto y eficiente resulta una condición ineludible para cumplir con aquello de que el espacio, sea, también, para nosotros, una fuente de poder.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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