Edificio Libertador

marzo 11, 2016 10:18 am

Lo primero, una composición de lugar

Un viejo, muy conocido y por sobre todo astuto político argentino, Juan Domingo Perón, solía sostener que la verdadera política era la internacional. Que la doméstica sólo bailaba al son de la primera.

Es en este marco que resuenan las palabras pronunciadas por el presidente, Mauricio Macri, en su primer discurso ante la Asamblea Legislativa. Concretamente, cuando nos dice: “En primer lugar, quiero mencionar una intensa agenda para vincularnos con el mundo, para tener una Argentina protagonista en los debates y procesos de la agenda internacional. La Argentina puede ser parte de la solución de cuestiones globales como la agenda de pobreza, la distribución del ingreso, la democracia y los derechos humanos, la pelea contra el terrorismo y el narcotráfico, la investigación científica y tecnológica, la preservación de la paz, el diálogo interreligioso, la promoción del comercio y las inversiones y la lucha contra el cambio climático.”

Complementando lo anterior, de lo que sí estamos seguros, es que hoy vivimos en un mundo mucho más complejo que al que conocíamos sólo hace algunos años atrás. Uno que nos exige pensar nuestro posicionamiento internacional con creatividad, pero por sobre todo, con prudencia y con firmeza. Ya no nos alcanza con creer que el tradicional excepcionalismo argentino nos preservará, como casi siempre, de todo mal proveniente del exterior.

En pocas palabras, no todo son oportunidades, también hay peligros muy concretos, como lo evidencia el auge del terrorismo, del narcotráfico, del crimen organizado, las consecuencias negativas del cambio climático y las grandes migraciones que ocurren, por ahora, en el Hemisferio Norte.

Por lo tanto, un país como el nuestro necesita de una respuesta conceptual y operativa que le permita enfrentar estos desafíos previsibles en un contexto nacional, regional e internacional. Es en este sentido, que las actividades como las de la defensa es que adquieren su valor.

Lo segundo, unir capacidades

Al respecto, lo primero es reconocer que el individuo, el argentino concreto, debe ser el fin y el eje de nuestras políticas. Pues, de nada valdrían unas que no hicieran nada por mejorar la vida de nuestros conciudadanos. Por lo tanto, serán políticas basadas en nuestros valores; aquellos anunciados por la Revolución de Mayo, esparcidos por medio continente por las campañas libertadoras del General San Martín y consagradas en principios internacionales por nuestro Premio Nobel de la Paz, Saavedra Lamas.

Pues, si la integración es una condición necesaria para la interacción positiva con el resto del mundo, también lo es la defensa, ya que no podría haber una sana integración sin un desarrollo armónico y sin una política de defensa acorde. Simplemente, porque nadie quiere relacionarse con un débil. Si con nuestras relaciones exteriores buscamos integrarnos con el mundo que nos rodea; con la defensa deberemos estar en capacidad de hacer frente a los riesgos y a las amenazas que pudieran presentarse.

Respecto de la defensa, es el propio Presidente quien nos alerta de los peligros que enfrentamos cuando nos advierte: “Según la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, la Argentina es el tercer país proveedor mundial de cocaína. El consumo ha crecido exponencialmente empujado por un narcotráfico que se siente libre para expandirse. Nuestras fronteras están virtualmente indefensas, ya que sólo el 17% está radarizado y encima nuestra capacidad de defensa aérea es muy escasa. De hecho, todo nuestro sistema de defensa está desatendido, con aviones que no vuelan, unos pocos barcos que funcionan y escasez de equipamiento en todas las Fuerzas Armadas.”

Por todo lo expresado, vemos que los medios de la defensa deberán colaborar y suplementar subsidiariamente a los esfuerzos de la seguridad, ya que en la actualidad, los riesgos de ambas están interconectados y se propagan sin reconocer fronteras. Por ejemplo, amenazas como la del narcotráfico ya no admiten ser consideradas como fenómenos locales, sino globales.

Una vez más repetimos que la defensa y a las relaciones internacionales están encadenadas y son conceptos interconectados. Ambas actividades deben extender sus capacidades específicas hasta la vida del ciudadano común. Quien debe saber no sólo que su país se encuentra integrado a nivel internacional, también debe sentirse defendido y seguro.

Finalmente, todo lo expresado debe englobarse en lo que denominamos como una política de estado. Una que además de ser implementada por los responsables estatales específicos, deberá ser impulsada desde todos los sectores del Estado y de la propia sociedad. A los efectos que sus beneficios no sólo contribuyan al bienestar general, también para lograr una mejor coordinación de todos los esfuerzos. Así, como su perdurabilidad en el tiempo, más allá de los habituales cambios de gobierno.

La educación será el puente con el cual se establecerá el nexo entre los que conciben y hacen y los que estudian y difunden. Con ello, no sólo lograremos el consenso necesario de la opinión pública, también una sana intención, devolverle a los argentinos el sano orgullo de su pertenencia nacional.

Lo último, usar lo que tenemos

Una vez defendida, tanto las relaciones internacionales como la defensa, como políticas de estado, será necesario instrumentarlas. Para ello, será necesario hacer uso de los instrumentos que disponemos. A saber, nuestro servicio exterior para la primera y nuestras Fuerzas Armadas para la segunda.

Ningún estado escatima recursos para disponer de una buena diplomacia y de Fuerzas Armadas eficientes, ya que considera, simplemente, que no puede darse el lujo de prescindir de ellas. Pues ambos son núcleos de modernidad.

Sabemos de los logros de nuestra diplomacia nacional. Desde la grandeza de haber obtenido un Premio Nobel hasta las laboriosas gestiones diarias en defensa de los intereses nacionales en el exterior que pocos conocen. También sabemos que fueron militares como Dellepiane, Savio y Mosconi los que sentaron las bases para nuestra industria nacional.

Para terminar, si reconocemos que la política es un arte, no podemos menos que ponderar y valorar a nuestros diplomáticos y a nuestros soldados como las herramientas útiles que hacen a este arte posible.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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