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noviembre 16, 2016 11:15 am

Una rica historia de trabajo barrial y social, contada por sus mismos protagonistas. Desde los bailes de antaño hasta el canje de armas
En el 3986 de la calle Pedro del Castillo, está ubicada la unión vecinal más grande de Mendoza. Se trata de la Asociación Vecinal de Fomento Edilicio y Cultural de Villa Nueva. Hasta allí llego El Ciudadano para conocer a quienes están detrás de la institución. Nos esperan Carlos Cárdenes y Sonia Magnane, presidente y tesorera, respectivamente, desde fines de los años 90, ya que –según sus propias palabras– “a casi nadie le interesa hacerse cargo de una organización si no va a ganar plata. Acá no hay nada para repartir y lo que se recauda se reinvierte para que los socios cada día se sientan más cómodos en ese espacio”, resume el presidente.

La institución tiene cerca de 600 socios activos, pero en su mejor momento llegó a tener más de 1.200. Cuando don Carlos habla de la importancia de la unión vecinal no sólo se refiere a los servicios que ofrece, sino a algunos datos dentro de su historia que, aunque pasó por malas administraciones, sigue en pie y brindando prestaciones a sus socios.

Comienza una historia

“Es la unión vecinal más antigua y más grande de Mendoza en lo edilicio. Fue fundada el 18 de septiembre de 1938”, explica Cárdenes, y agrega que “los terrenos eran de Cantu Mañane. Justo Mañane donó un terreno y la esposa, Balbina, cedió otro. Por eso es tan grande la unión vecinal. Después empezaron a pedir ladrillos, herramientas y así consiguieron lo necesario para levantar este salón que hoy nos encuentra haciendo historia y la pista, que quedó al aire libre mucho tiempo”.

Aprovecha a recordar la época en la que la pista era el punto de encuentro de jóvenes y adultos en los bailes sociales, muy populares en cada rincón de la provincia. “Cerca había dos lugares para los famosos corsos de Villa Nueva, que cuando terminaban venían a bailar acá y al club Murialdo, que estaba en la esquina… Los corsos no los deberían haber sacado nunca”, reflexiona Carlos con algo de nostalgia.

Balances positivos y negativos

Si bien hubo vecinos que le pusieron y ponen el corazón a la institución, también hubo de los otros, los que se aprovechan de las organizaciones para sacar un rédito propio. “Hubo una administración malísima que se robó hasta los libros”, cuenta Cárdenes, una situación que hizo que fuera intervenida. Años después, don Carlos empezó a participar activamente, primero como vocal y al mes ya cumplía funciones de secretario. Más tarde se convirtió en presidente y desde entonces no dejó de trabajar por la comunidad de Villa Nueva. “Armé una comisión, ganamos la elección y allí se sumó Sonia”.

Luchar, siempre luchar

Los 90 y principios de los 2000 significaron para muchas organizaciones no sólo momentos complicados, sino también el fin de su actividad. En ese sentido, Carlos asegura: “Los primeros años no digamos que fueron difíciles, porque de una forma u otra hacíamos cosas… Lo que sucede es que acá se luchó y  lo seguiremos haciendo hasta que Dios diga basta”.
Y en esa lucha diaria que mantuvieron durante años, lograron cosas que parecían imposibles, como que se desbloquearan los fondos que la Municipalidad de Guaymallén les debía por haber sido depósito de los materiales y máquinas que se utilizaron para instalar la red de gas de toda Villa Nueva.
A fuerza de insistir, lo lograron y ese dinero les permitió levantar el salón que es de mucha utilidad para los vecinos de la zona. Allí se han realizado desde los famosos clubes del trueque hasta eventos culturales, deportivos, sociales y también familiares. El salón es un lujo que permite, a fuerza de mantenimiento y cuidado, que cientos de personas practiquen deportes y artes marciales, participar de charlas, etcétera. “Nosotros somos apartidarios, no le rogamos nada a nadie y no tenemos problemas en prestar o alquilar el salón a un bajo costo para quien lo necesite”, explica Sonia, y agrega: “Siempre que alguien viene con una idea innovadora y original nosotros lo apoyamos”.

Apoyando el desarme

Precisamente, el primer canje de armas que se realizó en Mendoza fue una idea innovadora, pero en medio de la crisis que atravesaba el país y la provincia cualquier propuesta que partiera de un organismo de Gobierno era al menos mirado con desconfianza en tiempos del “que se vayan todos”.
“Allá por el 2001, en el gobierno de Iglesias se realizó el primer canje de armas, y el primer lugar en Mendoza donde se hizo fue acá. Nadie quería darle lugar al Ministerio de Seguridad para hacer eso, pero nosotros confiamos y para mí fue una experiencia fuerte ver a las mujeres llegar con las armas que querían sacarse de encima y cómo algunos hombres llegaban enojados porque se habían dado cuenta de que sus mujeres habían traído sus armas. Es que las mujeres querían sacarlas de su casa por sus hijos y se iban felices con un bolsón de mercadería”, asegura Sonia.
Carlos reflexiona con tristeza  que “deberían volver a hacerlo”, aunque reconoce que “las armas que entregan son mediocres y después se compran otras mejores”. Pese a esa realidad, el programa que fue el puntapié para que se hiciera en otros lugares del país y el mundo, le valió a Carlos y a la unión vecinal un reconocimiento de la Organización de Naciones Unidas, que exhiben orgullosos. “Fue un gesto hacerlo y un gesto nuestro confiar que se hiciera acá”, comenta Sonia.

Otros proyectos

La unión vecinal también fue parte del programa de entrega de microcréditos, más conocido como el “banquito de la buena fe”, donde no sólo entregaron los créditos a quienes querían invertir en sus emprendimientos y negocios de barrio, sino también a los vecinos que necesitaban el dinero para otros destinos.
“Fuimos la primera organización de Mendoza en rendir cuentas al Gobierno nacional sobre nuestra acción: reinvertimos tres veces el dinero que nos otorgaban para que prestáramos y logramos recuperar el 80%”, asegura la tesorera. Pero todo se complicó cuando desde el mismo Gobierno provincial, en ese entonces encabezado por Celso Jaque, “decidieron digitar a dedo quiénes debían recibir el microcrédito, y el porcentaje de las personas que cumplían con la devolución cayó notoriamente.
Esta experiencia les sirvió para seguir trabajando por la comunidad, pero esta vez sin intereses partidarios en medio, ya que al fin y al cabo la finalidad es estar cuando los vecinos necesitan. “Tenemos todos las cuentas en orden, pero los socios no nos piden esa información porque ven las mejoras todos los días”, afirma Sonia.
Contacto: Asociación Vecinal Villa Nueva, teléfono 4215733.

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