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noviembre 11, 2015 11:58 am

Las abundantes y persistentes lluvias de estas semanas son una muestra efectiva de lo que ocurrirá durante los próximos meses en nuestra provincia. La Corriente del Niño implica que este panorama se replique durante el verano por lo que además de consecuencias estructurales pueden presentarse las del cuerpo. Lejos de ser un mito, el famoso dolor de rodillas de los abuelos es en verdad en una forma sencilla de predecir los cambios de tiempo.

Esta relación entre la lluvia, la humedad y el cuerpo es comprobable, tanto que el sitio web de pronóstico Weather Channel además de ofrecer a los estadounidenses información detallada sobre tormentas, nevadas y cambios de temperatura, también cuenta con un minucioso mapa de dolores y aflicciones, “aches and pains”, en su inglés original para quien guste identificar el contenido en su página. En ese informe las personas pueden saber si el estado del tiempo que se pronostica para las próximas horas podría causarles dolor en, por ejemplo, viejas cirugías en rodillas o en tendinitis sin curar.

Con la misma premisa, el Servicio Meteorológico Alemán brinda a la población, y en especial a los hospitales, alertas sobre condiciones climáticas que en determinadas zonas podrían agravar males como la artritis. Por su parte, el Servicio Nacional de Salud Británico se vale de advertencias como esas para determinar la carga de trabajo que podrían tener sus instalaciones.

Es decir, el vínculo entre el estado del tiempo y la salud es mucho más que un mito popular, tanto que tiene su propia disciplina, la Biometereología, rama de la ciencia que estudia la influencia de los factores climáticos sobre los seres vivos. Es decir, no sólo afecta a los seres humanos, un estudio uruguayo da cuenta que el calor puede afectar en forma notoria la actividad de los animales. Considerarlo o no puede favorecer o entorpecer una actividad productiva, como por ejemplo, la de los establecimientos lecheros.

En el ser humano, un alto porcentaje de humedad o variaciones bruscas en la presión atmosférica tienen una acción sobre el cuerpo que se traduce en dolor en las articulaciones, mayor sensibilidad en algunas cicatrices y hasta jaquecas. Las nuevas tecnologías aplicadas a experimentos empíricos explican por qué. ..

  • Electricidad: las dolencias del cuerpo se relacionan con un fenómeno físico en el que las partículas eléctricas llamadas iones y presentes en la atmósfera, toman protagonismo. Una vivencia característica de su presencia es el típico olor a pasto recién cortado que anuncia que “está por llover”; lo que en verdad se siente es el olor del ozono, un ion del oxígeno.
  • Interacción con la tormenta: nuestro cuerpo posee comandos eléctricos muy sensitivos a las cargas de iones, así, el aumento del dolor en determinadas zonas se relaciona con la sensibilidad de los receptores nerviosos a una mayor carga eléctrica en el ambiente.
  • Cicatrices: la sensibilidad natural del organismo se basa en la transmisión de corriente eléctrica de un lado a otro, por lo que, cuando los receptores nerviosos están sobre estimulados, el dolor aumenta o regresa, en el caso de las viejas heridas físicas. Por eso, aquello que no duele o lo hace en forma moderada, puede ser difícil de tolerar en días de tormenta o con mucha humedad.
  • Articulaciones: mientras más daño se tenga en ellas, más exactos serán los pronósticos. Por ello, los expertos señalan que las personas con artritis suelen ser las que más sufren con las modificaciones de temperatura y humedad. Este dolor tendría su causa en la disminución de la presión barométrica de la atmósfera cuando se acercan las lluvias, la que provoca una expansión de los tejidos y presionan sobre la articulación. Los nervios que la rodean son más sensibles en quienes las tienen lesionadas, por eso, leves cambios en el ambiente pueden transformarse en dolor, sin importar si lo que sigue es una tormenta o una llovizna.
  • Sensación de pesadez: se explica por la variación en la presión atmosférica, que es la que ejerce el aire sobre la tierra. De esta manera, una caída en la presión atmosférica puede anteceder hasta cinco o seis horas el arribo de la lluvia. Por eso, el cuerpo la siente antes de que llegue.
  • Pies hinchados: pueden ser producto de una baja en la presión barométrica de la atmósfera, un caso notorio suele observarse al viajar en avión, aún cuando la cabina está presurizada. Por el contrario, no sucede a nivel del mar donde ella se mantiene alta y estable.

Cómo prevenir los dolores…

Una manera de que el dolor no aparezca o aumente es evitar los esfuerzos físicos en días en los que el tiempo es inestable. Otra, es intentar no consumir grandes porciones de carne porque sus proteínas favorecen el malestar que ocasiona el cambio de tiempo. En su lugar, se aconseja tener una dieta rica en frutas y verduras y tomar abundante líquido para contrarrestar la inestabilidad que pueda sentir el organismo.

También, y siempre con consulta previa al médico de confianza, pueden mitigarse los síntomas con paracetamol o ibuprofeno. Hay que acudir a él si las molestias se prolongan, si se observa hinchazón o coloración roja alrededor de las articulaciones o si al dolor se asocian fiebre o pérdida de peso.

Investigaciones sobre ciudades con climas cálidos, fríos y templados demuestran que gran parte de las personas que poseen lesiones óseas reaccionan ante el menor cambio en la presión atmosférica, por lo que mudarse no implica una solución. La recomendación es mantener la casa templada, poner hielo sobre las articulaciones para disminuir la inflamación y hacer suaves movimientos para que el tejido que las rodea no se tense.

Vale aclarar que los cambios en las variables del tiempo e incluso los diferentes climas, no desencadenan estas patologías sino que los síntomas dolorosos se observan en pacientes con enfermedades o heridas preexistentes. Por otra parte, la duración del dolor depende de lo que se extiendan las características del tiempo que lo provoca y su intensidad tendrá relación directa con la gravedad de la lesión y/o su antigüedad.

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