Ley mordaza

junio 13, 2016 10:50 am

Hizo mucho ruido, pero no lo quisieron demostrar. Por lo menos desde sectores directamente afectados por la sentencia de la Corte Suprema de Justicia de la Nación que expresó claramente que el derecho a huelga sólo puede ser ejercido por las asociaciones sindicales. Sectores ligados a grupos políticos fundamentalmente de izquierda “muy peleados” con el sindicalismo tradicional.

Si bien el máximo órgano de justicia del país dictaminó sobre la causa de un trabajador de correos, el fallo vino de parabienes a muchos sindicatos que habían perdido poder y predicamento entre sus representados. Trabajadores que ante la presión de inequidades, abusos y despidos por parte de directivos o responsables de empresas u organismos, que nadie detenía o sancionaba, fueron los que tomaron iniciativas reaccionarias a solas o en compañía de dirigentes, que como se expresara están generalmente ligados a la izquierda.

La historia de cómo se llega a todo esto está alimentada por las duras experiencias que han tenido los trabajadores argentinos en los últimos cincuenta años de vida del país. Todo un tiempo donde fue creciendo una incomprensible e inaceptable paradoja jurídica laboral. Allí el trabajador notaba cómo iban perdiéndose derechos que se cristalizaban con mayor fuerza en legislación que se agregaban al código civil. Paradoja que tiene contundente explicación: “¡las reprochables conductas de muchos dirigentes gremiales!” Conductas acompasadas por sectarios intereses de congratular dinero u objetivos políticos con dirigentes y empresarios. En muchos casos hasta fuertes negociados con el hampa. Conductas que se acrecentaron con el tiempo hasta llegar a nuestros días de la mano de la degradación por corrupción en toda escala en la que penetró el país. Atrás habían quedado los tiempos de mucha lucha donde obreros, empleados y profesionales marcharon por calles, avenidas y rutas argentinas con sus dirigentes a la cabeza para resistir esa nación dominada por la ignominia de los que violaron constitución, leyes, democracia y derechos de una Argentina justa y con equilibrado crecimiento. Dirigentes que en su mayoría y por esta acción pasaron a ser categoría de mártires de las luchas sindicales bajo las mugrientas balas de la triple A, de los que atentaron contra la democracia argentina y los gremialistas cómplices de estos dos.

Ya en nuestros días, con un diezmado y manoseado campo laboral, donde se destacan todo tipo de arbitrariedades. Desde el empleo en negro, los denominados contratos basura, despidos y desocupación. Muchos ciudadanos con trabajo sobreviven como pueden, con salarios que carcome un despiadado sistema inflacionario y con los lógicos temores de cierres temporarios o definitivos de sus fuentes de trabajo. Y en el medio del fangoso terreno, con plataforma privada y firme, la mayoría de los dirigentes gremiales como en el “al don pirulero”, cada cual atiende su juego. Esto es jugosas cajas de las obras sociales, internas en los partidos políticos, participación en “muy adinerados negocios” y conservar su poder a como dé lugar. Los groseros ejemplos sobran: José Pedraza, ex secretario general del gremio de los ferroviarios juzgado y encarcelado por haber mandado a asesinar al joven dirigente del Partido Obrero Mariano Ferreyra, quien luchaba junto a los obreros del sector en una manifestación del 20 de Octubre del 2010. Juan José Zanola, ex secretario general de la bancaria juzgado y encarcelado por haber participado en la denominada “mafia de los medicamentos”; en los que se comercializaban medicamentos adulterados, produciendo un sin número  víctimas en diferentes obras sociales. Gerardo Martinez, actual secretario general del gremio de la construcción quien gozó de las mieles del poder menemista cuasi como niño mimado; luego lo fue con el kirchnerismo y hasta se habría codeado “sospechosamente” con el hoy procesado Lázaro Báez.

Nadie puede discutir la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, porque se ajusta a derecho sin medias tintas. Del mismo modo nadie puede responder: ¿cuándo se terminan las inequidades en el campo laboral argentino?; ¿qué organismo hace cumplir a los sectores públicos y privado el abultado número de leyes laboral que están en vigencia?; ¿cuándo el campo laboral comienza a tener el necesario y justo equilibrio que, inclusive, la propia constitución nacional lo declama?; ¿quiénes terminan con los abusos en las espaldas de los trabajadores?; ¿cuándo terminan los excesos de una dirigencia gremial que solo hizo del gremio y sus asociados un coto de caza personal?. Muchas de estas preguntas quizá tengan la inmediata respuesta en el marco de un nuevo tiempo de país con sensatez y sin mezquindades. Donde sobresalga recuperar el “perdido respeto” a quienes habitan Argentina. Otras respuestas dependerán de esas actitudes que los argentinos han comenzado a modificar, para no caer en todas esas cosas que mucho daño le hicieron a la vida del país. Allí, donde los trabajadores argentinos no reaccionen en soledad ente cuestiones que el accionar del estado y los organismos sindicales detengan y eviten. Entonces estaremos en otra nación y no en el desmadre que el deterioro institucional y gremial equivocado y sectario le ha legado inmerecidamente al país.

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