depresion

julio 26, 2016 7:30 pm

Ansiedad y depresión serán algunos de los temas que tratarán los especialistas en el 16º Congreso de Medicina Interna que se llevará a cabo entre el 2 y el 5 de agosto en el hotel Panamericano, con la participación de más de 7.000 profesionales.

Al respecto, se sabe que la ansiedad y la depresión representan cerca del 40% del total de interconsultas solicitadas por los médicos clínicos en la provincia de Mendoza.

Según destacaron especialistas, los pacientes con estas patologías pueden, a menudo, desconocer o negar los síntomas emocionales que padecen. En este contexto, frecuentemente los pacientes con estas patologías consultan a sus médicos clínicos mucho antes que al especialista en psiquiatría, porque desconocen o niegan síntomas emocionales que padecen, aunque los registre el profesional.

Así, especialistas consultados por El Ciudadano coinciden en que deberían ser los mismos médicos de la salud mental quienes hagan hincapié en la sintomatología de los trastornos de ansiedad y de los depresivos, para que luego el clínico los tenga presente y pueda sospechar algunas patologías e incluirlas entre los diagnósticos diferenciales que realiza.

Al respecto, el psiquiatra Juan Carlos Ortega señaló: “Cuando el médico no psiquiatra realiza el diagnóstico, con frecuencia toma a su cargo el tratamiento. Éste no necesariamente debe ser farmacológico, sino que debe incluir una actitud psicoterapéutica con una adecuada capacidad de escucha y de señalamientos acertados”.

En ese contexto, Ortega agrega: “Vale la pena que el clínico adquiera estas habilidades terapéuticas efectivas para el abordaje de estos trastornos y que sea capaz de detectar cuándo debe derivar el paciente al especialista.

A nivel estadístico, aproximadamente el 40% de las interconsultas solicitadas por los médicos clínicos locales fueron los trastornos depresivos o de ansiedad, destacando que los pedidos por angustia y ansiedad son el doble que los pedidos por depresión.

No se altere, hay cura

La creciente aparición de casos de trastornos de ansiedad y de depresión, cuyas consecuencias impactan de forma negativa en la vida de quienes los sufren, tiene tratamiento ‘efectivo’, tanto farmacológico como psicoterapéutico, para combatirlos de forma completa, aseguran los especialistas.

Los padecimientos de ansiedad se presentan, en general, con síntomas representados por miedos intensos, inquietud excesiva, preocupación constante y dificultades en el sueño para enfrentar las situaciones u objetos temidos.
Pero también genera síntomas físicos variado, como sensación de ahogo u opresión en el pecho, palpitaciones, dolores musculares, y síntomas gastrointestinales, entre otros, según enumeran los especialistas.

Los trastornos del ánimo, por su parte, se caracterizan por sentimientos intensos de tristeza o vacío, falta de interés por las cosas, disminución del placer obtenido en actividades habituales, aislamiento social, falta de energía, disminución del interés sexual, cambios en el apetito (disminución o aumento inadecuado), alteraciones del sueño, fallas en la memoria y la concentración, e ideas de muertes. “¿Cómo hacer entonces para revertir estos estados? A grosso modo, todas las conductas que mejoran la calidad de vida ayudan a prevenir el desarrollo de estos problemas”, recordó Fernando Torrente, jefe de Psicoterapia Cognitiva, del Instituto de Neurología Cognitiva (INECO).

En ese sentido, Torrente explicó que “sería ideal poder reducir los niveles de estrés, realizar ejercicio físico, llevar una alimentación saludable, y actividad social y de ocio, pero además una consulta temprana con los especialistas puede prevenir el desarrollo de complicaciones mucho peores”.

Lo cierto es en la actualidad existen tratamientos efectivos, tanto farmacológicos para la ansiedad y la depresión, como tratamientos psicoterapéuticos. En especial, los trastornos de ansiedad y la depresión responden muy bien a tratamientos psicológicos focalizados como la terapia cognitivo-conductual”.

Estrés, ansiedad y depresión, afectan al 15% de los niños

Los trastornos de ansiedad, estrés y depresión se han incrementado en niños y adolescentes, llegando a afectar a 15% de la población infantil local. Por este motivo, los especialistas consultados por El Ciudadano, insisten en la importancia de un diagnóstico precoz que permita instaurar cuanto antes el tratamiento más eficaz, con el fin de mejorar la calidad de vida de los jóvenes pacientes y, sobre todo, para evitar que estas patologías puedan volverse crónicas y continuar durante la edad adulta.

Según explica el doctor Jesús García Pérez, los síntomas que presenta el niño que sufre alguno de estos trastornos varían significativamente dependiendo de su propio carácter, su desarrollo cognoscitivo y emocional, la influencia de su entorno y, por supuesto, su herencia genética. Sin embargo, es frecuente que manifieste síntomas físicos como dolores de cabeza o abdominales, sensación de ahogo, palpitaciones, náuseas o vómitos, temblores y también síntomas psicológicos como angustia, preocupación injustificada, miedo, problemas para mantener la atención o falta de concentración, apatía, inquietud, alteraciones emocionales como hipersensibilidad o irritabilidad excesiva.

Por otra parte, también existe una serie de factores de riesgo que pueden propiciar que los niños sufran trastornos de ansiedad, como la separación o divorcio de sus padres, o un mal ambiente familiar con frecuentes discusiones en presencia del niño y falta de respeto entre los progenitores, enfermedades o adicciones (alcohol, drogas) de los padres, y mala situación económica de la familia, entre otros. Aunque a cada niño le afectará de forma diferente dependiendo de su carácter y su capacidad de adaptación.

Los trastornos de ansiedad más frecuentes en niños y adolescentes son: el trastorno de ansiedad por separación, en el que el paciente muestra una angustia exagerada por el hecho de separarse de sus padres; el trastorno de ansiedad generalizada, que se caracteriza por una preocupación injustificada y prolongada en el tiempo sobre las actividades cotidianas y las relaciones sociales; y las fobias, que son temores excesivos ante determinadas situaciones, que condicionan al afectado impidiéndole llevar una vida normal (miedo a la oscuridad, a los monstruos, al colegio, a las enfermedades, a no ser aceptado socialmente, a hacer el ridículo).

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