resiudos plasticos

junio 22, 2016 7:00 pm

El dato es alarmante. Sólo nuestra provincia desecha entre cuatro y cinco toneladas diarias de plástico. Bolsas de polietileno y botellas son los desechos predominantes en la gran montaña de mugre no degradable que generamos los mendocinos, en general.

En consecuencia, los municipios están llevando a cabo acciones de control y restricción sobre comercios –grandes y chicos– con el fin de alentar el uso de bolsas ecológicas o envases de papel.

“Por el momento hay quejas pero también hay aceptación. Todo el mundo sabe el daño y la saturación que genera el plástico, pero la gente, al no tener la costumbre de ir a comprar con su propia bolsa reutilizable, se molesta un poco cuando el comercio se la niega. Es una situación para nada grave, pero será cuestión de generar conciencia y pedir amablemente a los clientes que vengan a comprar con envases personales traídos desde su casa”, opina Armando Pérez, encargado de la verdulería Santa Isabel, de Guaymallén, comuna en la que ya está en funcionamiento el nuevo ‘Plan Integral de Limpieza’.

Ahogados en plástico

Como es sabido, la sociedad argentina no recicla en forma cotidiana y eso trae graves consecuencias ambientales que afectan tanto al agua, como al aire y a la tierra. Finalmente, los resultados de tanta desidia y falta de conciencia ecológica tienen impacto directo sobre nuestro organismo, que no puede adaptarse al humo o a la contaminación de los alimentos.

Con este panorama, la cadena de malas acciones por parte de una sociedad sin conciencia ambiental, muchas veces comienza con el tratamiento de nuestros residuos, específicamente con el uso de bolsas plásticas.

En Mendoza, el aumento del consumo y desecho de bolsas de polietileno –se usa el triple de bolsas que en los años 80– y su destino final se han vuelto un grave problema para las autoridades.

Al respecto, el doctor en Ingeniería Química Enrique Vallés explica que “el polietileno es uno de los plásticos de mayor producción en la Argentina. Este puede ser un material muy noble, pero lo que sucede en el caso de las bolsas es que se han multiplicado infinitamente. Se usan en forma indiscriminada y luego se las tira en cualquier lado, lo que provoca muchos problemas ambientales. El polietileno apareció como bolsas en la década del 70 y desde entonces tuvo aceptación masiva por su rendimiento: una bolsa de supermercado pesa entre 5 y 7 gramos y puede soportar una carga de hasta 10 kilos de mercadería, es decir, 1.700 veces su propio peso. Ningún otro material usado en forma comercial llega a esos valores de eficiencia mecánica pero la verdad es que a esta ritmo vamos mal”.

Pero lo más grave es que las bolsas de plástico, fabricadas fundamentalmente a partir de petróleo y gas, tienen una vida estimada en mil años antes de romperse en pequeñas partículas tóxicas. Así, la invasión de este tipo de basura presenta una alarmante senda de acumulación hacia el futuro: de acuerdo con la Agencia Ambiental de las Naciones Unidas, en la actualidad se producen en el mundo entre 500.000 millones y un billón de bolsas de plástico por año.

A falta de voluntad, buenas son las ordenanzas

Con el ánimo de mitigar el impacto ambiental a corto plazo, algunas provincias y municipios han intentado la disminución voluntaria del plástico por parte de los consumidores y comerciantes, incluyendo su reemplazo por sustitutos, pero la verdad es que teniendo en cuenta los datos mencionados, en su mayoría han fracasado.

Así, a partir de la derrota del voluntarismo, ahora los Concejos Deliberantes de las comunas están impulsando ordenanzas de cumplimiento obligatorio.

Esto mismo sucedió en Irlanda en 2001, cuando bajo la misma situación ambiental que hoy atraviesa la Argentina, estableció un impuesto a las bolsas de plástico que disminuyó su consumo en un 90%. Otro buen ejemplo es el de Taiwán, lugar en donde no se les permite a los supermercados entregar bolsas plásticas.

Por Orlando Tirapu – Diario El Ciudadano online

Dejá tu opinión

comentarios