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septiembre 11, 2016 10:50 am

Un informe realizado por el Ministerio de Justicia bonaerense aporta un dato negativo que debe preocupar a todos: casi la mitad de los reos que hoy purgan su pena regresará luego a la cárcel. Una de las causas de la inseguridad, entonces, está tras las rejas, lo que debe ocurrir casi con seguridad en cualquier provincia argentina.

Según publica hoy Clarin en una investigación realizada por el periodista Rolando Barbano, el estudio de re-encarcelamiento fue hecho en base a los datos de todas las personas que pasaron por las prisiones bonaerenses en los últimos quince años. Su conclusión es que, en promedio, el 42,65% de los presos bonaerenses regresa a la cárcel. De ellos, el 9,09% lo hace dos veces y el 6,22, tres veces o más. Y estos números son apenas una base: el análisis sólo incluye a detenidos provinciales que regresan a unidades provinciales –por lo que podría haber muchos más que, luego de estar presos en Provincia, vuelven a caer peroen cárceles federales– y, obviamente, no contempla a los reos que volvieron a delinquir pero no fueron detenidos.

El informe pone en foco una cuestión sobre la que el ministro de Justicia bonaerense, Gustavo Ferrari, busca crear conciencia: el trabajo en las cárceles es clave para mejorar la seguridad de todos. Hay una cuestión humanitaria de por medio. Y otra de autodefensa.

En este momento, en las 55 prisiones provinciales –el mayor sistema penitenciario del país– hay 33.077 presos, unos 7.000 más que las plazas disponibles. En las comisarías bonaerenses hay otros 2.500, que obligan a disponer de policías que podrían estar patrullando para custodiarlos. El problema va en aumento: cada año se suman 2.200 detenidos y sólo salen 600, por lo que la población carcelaria aumenta a un ritmo anual de 1.600 personas.

El tiempo promedio de permanencia en prisión es de 9 años, período que –es evidente– al Estado no le alcanza para rehabilitar a casi nadie. Podría aprovecharlo para enseñarles un oficio a los presos, pero las condiciones son lamentables:de los 51 talleres de mecánica y chapa y pintura automotor que existen, sólo andan 14; la fábrica de fideos que supo funcionar intramuros está cerrada, al igual que la de bloques de cemento y los 15 talleres textiles; de las 23 carpinterías apenas 6 están abiertasy de 24 herrerías, sólo 3. Las 28 panaderías están complicadas, aunque hay excepciones como la de Mercedes, que provee a todas las escuelas públicas de la zona.

Los 22.300 guardias que integran el Servicio Penitenciario Bonaerense no parecen ser lamejor herramienta para resocializar a alguien. Los últimos que ingresaron, el año pasado, apenas recibieron un mes y medio de capacitación. Y sólo se les exigió tener estudios primarios.El plan es que a partir de 2017 su formación dure un año y pedirles el secundario completo para entrar.

Ferrari también tiene el objetivo de reabrir el hospital penitenciario del penal de Olmos –cerrado hace más de 6 años–, darles un alojamiento más adecuado a los 70 nenes menores de 4 años que hoy duermen en celdas con sus madres presas y levantar una cárcel exclusiva para delincuentes primarios; hoy los mezclan con reincidentes, algo que favorece que alguien que cae por primera vez regrese a la calle mucho peor de lo que entró.

La falta de comida, de colchones y de salud tampoco ayudan al objetivo de rehabilitar, profundizan resentimientos y facilitan la corrupción de los guardias, aunque son los puntos que más rápido podrían mejorar. Para revertir el hacinamiento, en cambio, habrá que esperar mucho más: los cálculos más optimistas del Gobierno hablan de no menos de diez años./ Fuente: Clarin.com

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