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noviembre 14, 2016 2:28 pm

En pleno océano de investigaciones judiciales por millonarias cifras de dinero nacional y extranjero con el que se defraudó al país, continúan apareciendo fuertes señales, de algo que, hasta tuvo el compromiso presidencial de la actual gestión, la pobreza. Ambos flagelos vienen ligados desde hace mucho tiempo. Porque el primero hizo aumentar el uso indebido de rótulo de flamante rico con dineros del estado. Porque el segundo creció, ante la falta de esos dineros sustraídos. Para colmo,  los caminos políticos, económicos y financieros que transita el país desde hace tiempo, aún no contiene a quienes padecen pobreza.

El tema es complejo, sobre todo el de la pobreza. Y es allí, donde la gente muestra señales a la nación.  Esto es, que esa pobreza sea resuelta con prioridad uno.

Los datos de la pobreza registrados en los últimos tiempos apuntalan la decisión ciudadana. Porque la memoria colectiva tiene presente ese macabro mural que ha crecido en forma sostenida en los últimos 10 años y que nos dice que la geografía del hambre y la pobreza muestra una realidad nacional heterogénea debido a las enormes disparidades. Todavía las provincias más afectadas continúan siendo: Chaco (61,6%), Formosa (55,2%), San Juan (54,5%) y Corrientes (50,9%). Chaco se constituye en la más golpeada por la indigencia (30,4%), seguida de Corrientes (23%), Misiones (21,7%) y Santiago del Estero (20,8%). En el otro extremo, la menor incidencia de la pobreza e indigencia se encuentra en Ciudad de Buenos Aires (13,4% y 2,9%), Tierra del Fuego (14,9% y 5,5%) y Santa Cruz (22,4% y 3,3%).

Del mismo modo el país continúa sufriendo aún más con ese detectada “Infantilización de la Pobreza”. Allí donde los argentinos comprueban que la mitad de los pobres son chicos y la mitad de los chicos son pobres. Los últimos datos del observatorio de la UCA dicen que en la Argentina habitan 7,3 millones de chicos y

chicas pobres (el 53,8% del total desde grupo poblacional) de los cuales 2,7 millones están pasando hambre (20%, es decir, 1 de cada 5 chicos).

En diez provincias Argentina el flagelo de la pobreza infantil supera el 60%. Los ejemplos son fuerte e incontrarrestables: en Chaco el 79,5% de los chicos son pobres y el 46,4% están pasando hambre, por lejos la tasa más alta de indigencia. En la vecina provincia de San Juan casi el 70% de los chicos son pobres; seguida de Santiago del Estero (68,3%) y Corrientes (68,1%). Estas dos últimas, junto con Misiones, dejan entrever elevados niveles de indigencia, que afectando a más de un tercio de los chicos. Nuevamente, la incidencia de la pobreza y la indigencia es menor en los casos de Tierra del Fuego, Ciudad de Buenos Aires y Santa Cruz, aunque su situación no deja de ser preocupante.

Con los datos reflejados se mide la magnitud de lo que se le está pidiendo desde diferentes sectores del país a la administración de Mauricio Macri. Sopesa, que se caiga en el histórico error de los argentinos, que sintetiza una frase que debería quedar en el olvido de las cosas que nos hicieron daño, “que roben, pero que hagan algo”. Porque ni los “actuales deben robar, ni se debe olvidar lo que robaron quienes se fueron el 10 de diciembre pasado”.

La república Argentina está ubicada desde hace un largo tiempo, entre los cien países más corruptos del mundo. Estamos detrás de Venezuela y Haití, naciones que para Transparencia Internacional son las más corrompidas de América Latina. Un elocuente ejemplo que nos indica que llegamos allí tras años y años de casos y funcionarios (de todos los niveles) que produjeron una fenomenal estafa. A la que hay que mirar no solo por el daño infringido a erario público que alimenta cada ciudadano con impuestos que se extraen de sus sacrificada labor, sino porque con esa estafa se le quitó posibilidades de un vivir mejor a millones de connacionales.

Por lo que se hace necesario que la corrupción sea investigada hasta las últimas consecuencias y con absoluta independencia del poder judicial. Para que el dinero sea devuelto y los autores, que son muchos y de diferentes niveles de decisión política en su momento, sean enjuiciados y encarcelados. Y que la pobreza sea atendida por un gobierno que fue votado con la esperanza de exterminar estos dos flagelos que ya no sostiene el país. Como no podría sostener una nueva frustración política, si quienes hoy gobiernan, muestran que todo lo expresado en campaña fue “otra mentira política – electoral”.

El presidente Mauricio Macri asumió su mandato pronunciando sus primeras palabras a solucionar el problema de la pobreza. Pues, ¡que lo haga!. También su irrestricto respaldo a la justicia contra ese otro mal, como es la corrupción. Pues, ¡que también lo haga!. Y ninguno con especulaciones políticas electorales. Porque entonces el país estaría ante más de lo mismo de los últimos 20 años de vida democrática. Aspecto que solo agravaría mucho más la pobreza y quienes la padecen, y dejaría en el mar del intencional olvido a quienes le quietaron con impune corrupción los sueños de un país sano de todos, con todos y para todos.

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