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octubre 19, 2016 4:58 pm

Ricardo Escobar es un joven maipucino al que conocimos por una linda campaña que tenía como objetivo reunir donaciones para los niños internados en el Hospital Diego Paroissien. Tiempo después, indagando sobre el grupo Manos Solidarias –que formó hace tiempo y lleva adelante–, conocimos que detrás de su solidaridad se esconde una dura historia de vida.

El Ciudadano se reunió con Ricardo para que fuera él mismo y en primera persona el encargado de dar a conocer su historia. “Yo siempre tuve la inquietud de poder hacer algo por alguien, algo grande que abarcara la mayor cantidad de personas posibles. Tenía la fantasía de hacerme millonario y poder ayudar, porque de chico he pasado algunas necesidades. No me faltó amor, ni educación, ni nada de eso, pero sí por ahí viví la diferencia con otros niños de mi edad”, comienza su relato.

La charla nos lleva a conocer algunas de las actividades que realizan en Manos Solidarias, el grupo de ayuda que creó hace cinco años. Pero para entender puntualmente de qué se trata es indispensable conocer de qué habla Ricardo cuando se refiere a una infancia y adolescencia difícil.

Crónica valiente

Ricardo cuenta su historia con valentía, sin resentimiento y con mucha calma. Claro que esa calma es el fruto de muchos años de introspección pero también del apoyo incondicional de sus afectos para transformar en alegría y ayuda para otros los momentos tristes que empañaron su infancia.

“A mí me criaron mis abuelos. Mi mamá es epiléptica desde los 2 años, siempre estuvo medicada y tanta medicación le ocasionó un deterioro físico y psicológico. A los 25 años fue abusada por dos vecinos y quedó embarazada”, relata Ricardo, y continúa: “Ella me cuenta que le dieron algo para tomar, se durmió y se despertó en una habitación sola.

Te imaginarás la situación terrible, se fue y no contó nada a nadie y es así que la familia se enteró de esa situación al quinto mes de embarazo”.

Entonces analizaron todas las posibilidades teniendo en cuenta que en primer lugar había un abuso y un embarazo no deseado; además era una mamá que llevaba más de veinte años con medicación fortísima y que regularmente sufría crisis que la dejaban tirada.

“Me animo a hacer esto en parte en reconocimiento a ella y por ahí, si a alguien le sirve mi historia… Yo tenía todo en contra, por la enfermedad de mi mamá y por haber sido fruto de un abuso. Mi familia estuvo a punto de hacerla abortar, porque había más posibilidades y más personas que optaban por eso que las que no. Pero mi padrino se opuso a esto y dijo que si me podían tener, él me iba a criar. Y eso hicieron mis abuelos Arturo y Blanca, junto a mi mamá Beatriz, con el apoyo incondicional de mis padrinos Hugo y Marta y del resto de la familia”, asegura Ricardo.

Los buenos ejemplos lo hicieron posible

“Tuve que laburar de muy chico y vi las crisis de mi mamá desde entonces. Mis abuelos me criaron distinto a como crían las madres y tuve que bancarme los comentarios de quienes a nuestras espaldas decían que el abuso había sido dentro de la familia”, recuerda, y también reconoce que de no haber sido por su familia, sus amigos y los buenos ejemplos que recibió siempre de todos lo que lo rodearon, quizás su historia sería otra.

Quizás no sería hoy un joven que siente la necesidad de ayudar a los demás, que le preocupan profundamente los niños y que luego de muchos años de búsqueda interna y apoyo profesional logró reunir en Manos Solidarias a un grupo de amigos y conocidos que hacen campañas, buscan donaciones y llevan a los niños del hospital de Maipú, entre otras metas que se proponen, como cuando reciben pedidos puntuales de familiares de niños hospitalizados.

“Las cosas que nos pasan en la vida son para aprender, para evolucionar y para compartirlas. Haber entendido que yo no tengo la culpa de lo que me pasó fue un click importante para empezar el proceso de cambio, y ahí me surgió la necesidad de hacer algo por los demás y lo puntualicé en los niños.

En cinco años de campañas nos ha tocado ver familias en una situación económica muy difícil, madres que pasaban todo el día solas en el hospital con sus hijos y niños que en su día no tenían a nadie que les llevara ni un autito de juguete”, explica Escobar.

En busca de la identidad

En algún momento de su historia, Ricardo necesitó respuestas a todas las cosas que su mamá le contaba. “La enfermedad de mi mamá hace que esas cosas no tengan filtro. De muy chiquito me contaba cosas que al principio no entendía mucho, pero pasaron los años y empecé a atar cabos en esa historia que ella me contaba, y empecé a entender que era de verdad y quise saber”, afirma.

En esa búsqueda, en la que no pretendía tener una relación, ni siquiera dinero, lo acompañó su padrino. Así lograron dar con uno de los sujetos que años antes habían vejado a su madre. “Fueron varios años, hasta que logramos hacer un ADN con uno de ellos, porque el otro murió al poquito tiempo que yo nací. El estudio se hizo con uno y dio negativo, así que no era ése. La relación quedo totalmente cortada”, relata.

Mas allá del resultado negativo, lo curioso es que el supuesto padre, igual que Ricardo, tenía sus dudas, ya que cuando supo que lo buscaban puso todos sus bienes a nombre de otras personas, según lo que la abogada pudo averiguar.

“Él tenía miedo de que yo fuera su hijo, aunque yo sólo quería conocer la parte de la historia que me faltaba”, asegura.

Quienes deseen sumarse como voluntarios y amigos de Manos Solidarias, pueden colaborar con juguetes, leche, pañales, juegos, libros de cuentos, ropa o calzado de niños, etcétera.
Contacto:
Teléfono: 2616944623
Facebook/manos solidarias

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