PUTIN

agosto 21, 2016 12:37 pm

Un peligroso incidente entre cazas estadounidenses y sirios, que se cruzaron a menos de 2 km, y un arrasador atentado en la frontera turca con el país árabe, ambos ocurridos ayer, son emergentes del profundo giro que se está produciendo en el mapa geopolítico de la región, contorneado de un modo imprevisible por el liderazgo de Rusia.

El gobierno de Vladimir Putin está en una posición privilegiada. Lo sorprendente es que el ascenso de Rusia no se da en su mejor momento. El gas y el petróleo consolidan casi la mitad de su presupuesto, y hoy en día son dos bienes en baja cuyos precios se redujeron en un 40% en dos años. Las sanciones impuestas por Occidente a Moscú a raíz de la anexión de Crimea también dañaron su economía: en 2015 tuvo una contracción del 3,7%. Su PBI actual se redujo casi un 40% respecto al 2013.

Putin doblegó a Turquía, cuyo presidente Recep Tayyip Erdogan fue a pedir disculpas personalmente por derribar un caza ruso en territorio sirio. La nueva alianza de Rusia con los turcos es un fuerte golpe de efecto. Turquía fue históricamente un aliado de Occidente, una potencia regional integrada a la OTAN, pero ahora su gobierno islámico muestra cierto resentimiento con Washington y Europa –a causa de varios desplantes, entre ellos la demora en incorporarlo a la Unión Europea– y prefiere incorporarse a círculo de Putin.

Este fin de semana se expresó claramente el acuerdo cuando los aviones sirios, provistos por Rusia, atacaron a los kurdos que intentan conformar un territorio propio en el norte de Siria. Ankara tiene una eterna disputa con los kurdos, a los que margina y persigue permanentemente.

Claro que el gobierno turco tuvo que pagar el precio. Primero, aceptó que Assad lidere la transición en un eventual nuevo gobierno. Antes reclamaba su caída a sangre y fuego: inclusive respaldó a grupos terroristas ultraislámicos como el ISIS para lograr ese objetivo. Segundo, tuvo que hacer las paces con el gobierno shiíta de Irán, con quien mantenía una histórica rivalidad por el control de la región.

Moscú tiene como socio a una de las dos mayores potencias mundiales: China, con quien viene haciendo negocios hace tiempo. Estructuró la Unión Económica Euroasiática, que incluye a Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Bielorrusia y Armenia. También avanzó con proyecto comunes junto a Azerbaiyán. Ahora está desarrollando un corredor de transporte Norte-Sur para unir el territorio de la India con el Norte y el Oeste de Europa a través de Irán y Rusia, en una ruta de 7200 km. Por allí piensa transportar cinco millones de toneladas anuales de carga.

Tal vez sea su jugada más compleja, porque está cambiando las nociones de soberanía vinculadas a los recursos, las barreras comerciales de cada país y las legislativas. Pero está construyendo un enorme mercado asiático para negociar como bloque.

Pero la jugada más peligrosa sea la militar. No sólo modernizó de una manera notable sus fuerza aérea, la armada y el Ejército, sino que además se atrevió a desafiar los límites que en algún momento le impuso Occidente. El escenario de Siria es elocuente en este sentido. En un año su intervención le permitió a Assad recuperar el terreno perdido y pelear la transición.

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