Fútbol tomba

agosto 24, 2016 10:43 am

Hace muy poco tiempo celebramos los doscientos años de nuestra Independencia, y en algunos meses más recordaremos el bicentenario de la gesta libertadora. Y a modo de homenaje de estos acontecimientos, nuestros próceres futbolísticos han decidido ponerle fin a la incertidumbre y después de rememorar intensas reuniones patrióticas similares, algunas, a la del General San Martín y Simón Bolívar en Guayaquil, el fútbol doméstico parece que tiene fecha de inicio. Vaya paradoja.

Señores, vuelve el fútbol. El que despierta la mayor pasión de los argentinos, el de los hinchas genuinos cuya ansiedad por ver rodar la pelota ya había llegado al límite.

El del descalabro institucional puesto en escena en los últimos tiempos en la Asociación del Fútbol Argentino, repleto de desprolijidades y desmanejos, pero vacío de responsables reales.

El de inescrupulosos e incapaces dirigentes que sólo piensan en seguir enriqueciendo sus arcas en sus clubes para continuar endeudándose y devastar instituciones hasta dejarlas en su mayoría al borde del abismo.

El de las promesas de cambios profundos y soluciones mágicas que parecen ser extractados de algún libro de Julio Verne, pero que en definitiva no hacen más que emparchar errores con mayores errores.

El de la Asamblea de Diciembre del año pasado, se acuerda? La del 38 a 38 cuando había 75 votos para contar, en donde pugnaban por la Presidencia de AFA personajes como Luis Segura, cuyo club hoy es uno de los que más deuda mantiene con la entidad madre; y Marcelo Tinelli, un buen conductor televisivo.

El de la famosa Superliga, diseñada ideológicamente por el presidente de Boca Juniors para encontrarle la salida a la quita de los derechos televisivos de AFA porque el Gobierno Nacional ya no quiere poner más dinero, con justa razón, en un fútbol repleto de oportunistas, y que puso fin al Fútbol para todos a partir de enero del próximo año.

El de la Asamblea en donde se aprobó un Estatuto de esa irresoluta Superliga, Estatuto que nunca estuvo en consideración de los asambleístas, porque no lo conocían y porque nunca existió.

El fútbol del mamarracho olímpico, en el que un entrenador tuvo que hacerse cargo de un día para otro de un equipo que nos debía representar internacionalmente. Con dirigentes egoístas que sólo pensaron en el bienestar de sus clubes y no cedieron algunos futbolistas a un proyecto que nunca estuvo a la altura de las circunstancias.

El fútbol que hoy comanda Armando Pérez, mal llamado Comité Regularizador, respaldado por el Gobierno Nacional en una especie de intervención con el consentimiento de la FIFA, y que a la mayoría de los dirigentes que lograron la destrucción de la AFA Institución no les agrada como se maneja. Porque estos inoperantes que no supieron realizar la transición después de la muerte de Julio Grondona, hoy todavía sostienen que deben tener voz y voto en las decisiones importantes. Deberían irse a su casa, ya el daño está hecho.

Este fútbol que estuvo casi parado durante cuatro meses y nadie, absolutamente nadie, pensó en proyectos a futuro. Ni de cómo volveremos a ver un fútbol serio, con públicos de ambas parcialidades, con la vuelta de la familia a las canchas, sin violentos, con estadios aptos y cómodos para un evento deportivo y partidos que comiencen al horario establecido. Claro, eso no vende. Esto no importa. Tampoco importa un proyecto serio de selecciones juveniles, que ya desde hace algunos años, contando raras excepciones, viene dejando mucho que desear.

Dentro de todo este enjambre, está el socio e hincha, que mira atónito como una minoría se pelea por algo que él no termina de entender. Porque la pelea no es por la pasión, por los colores, por la camiseta; la contienda es por la “guita”, nada más que por eso. Esa que el junta durante el mes para pagar la cuota societaria de su club o cada 15 días para sacar la “popu” y cantar por sus colores. Algo no funciona.

Señores, volvió el fútbol, el del nivel técnico individual y colectivo más flojo de los últimos años. Donde los jugadores juegan cada vez peor, ganan más dinero que nunca y mantienen la misma frase acuñada desde siempre, que pregona que “lo más sano del fútbol son los jugadores”. Otra paradoja.

Señores vuelve el fútbol! El mismo de siempre. Lamentablemente.

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