Escuela docente

agosto 16, 2016 9:44 am

Inocente pregunta que se hace un niño, cuyos ojos se resisten a presenciar “esa sociedad violenta” que lo acunó en su casa, que lo recibe a diario en la calle y que ha penetrado sin permiso alguno a la escuela donde él creyó, se encontraba a salvo. Y hay algo más grave que lo angustia, “ha llegado sin miramientos a la humanidad de esa docente que todos los días le enseña a leer y a escribir”.

La violencia en los establecimientos educacionales se mide en modalidad y cantidad y ya ha dejado de presentarse como casos aislados. Es común o cotidiano saber que hubo un hecho de violencia en una escuela. Ver que el nivel inicial acusa haberla recibido, es una muestra de la gravedad de este tema.

Todo este fenómeno tampoco es una cuestión aislada, es parte de serio deterioro de la sociedad argentina en general y Mendoza en particular. Donde se fueron perdiendo valores esenciales de familia, convivencia, solidaridad, sentido común y ese respeto que significó desde siempre la educación. Fue esa mezcla pestilente entre el facilismo de algún sector ciudadano en connivencia con políticas sectarias y el mercado negro de droga, alcohol y todo lo delictual; que compusieron el nuevo y desdibujado modo de vida de gran parte de la población.

Es grave que desde esa porción importante y con sana consciencia que le queda al país, se venga haciendo notar lo que comenzó siendo como casos aislados y terminó generalizándose. Allí nadie, absolutamente, hizo algo desde el estado para que esto no terminara lesionando al sistema educativo como lo ha lesionado. Otra muestra de esas inadmisibles intenciones de llevar a la nación al oscuro sitio donde su educación se encuentra. Bullying, peleas entre alumnos, alumnos armados, amenazas,  golpes a docentes desde los alumnos y familiares, componen la hegemonía cotidiana donde temerosamente a la enseñanza se la sometido a la mínima expresión.

En Mendoza los hechos cada vez son tan graves, como violentos. Docentes ferozmente golpeados en un establecimiento educacional de Guaymallén.  Una docente golpeada y casi estrangulada delante del alumnado en plena clase por la tía de una alumna en la Escuela Casimiro Recuero de Las Heras, a principios de agosto. Un profesor de educación física y la directora de la Escuela Juan de Coria Bohórquez que fueron agredidos por los padres de una alumna el pasado 7 de julio. Este último caso delata aún más gravedad por el aliento que daban un “grupo de madres” que presenciaban el hecho. Allí, cual patota callejera, incitaban a la madre de la menor para que continuara pegándole cachetazos al educador. Mientras el marido lesionaba con fuerza demencial a la directora del establecimiento. Fue en los dedos de una mano y en un hombro donde recibió trompadas por parte del progenitor, cuando la docente intentó detener la agresión.

Existen más casos a diario de los anunciados, que por temor (en la mayoría de los casos) no llegan a conocimiento de la prensa y por ende de la comunidad. Pero existen. E igualmente  grave que no se haga mucho, o nada para detenerlos.

Desde que Mendoza acusó recibo de lo que estaba ocurriendo en el resto del país sobre violencia en las escuelas, comenzaron algunos sectores a “intentar” colocar vallas de contención para detener el fenómeno que se esparcía al compás de la precarización social del vivir de la gente y la desaparición de los valores apuntados. En la legislatura, como era de esperar, se debatieron algunas leyes o modificaciones a lo que es el Código de Faltas. Primero fue el ex legislador Ricardo Puga y luego el ex diputado (UCR) Tadeo García Zalazar que colocó a nuestra provincia en la vanguardia nacional con la ley 3.365 que contiene sanciones a aquellos padres que agredan física y verbalmente algún docente. Inclusive le otorga al magistrado interviniente la aplicación de 30 días de prisión de acuerdo a la gravedad del hecho.

Lamentablemente, en nuestra provincia ni la nueva legislación y mucho menos las tardías medidas que tome la DGE se aplican dejando incomprensiblemente liberado el terreno de la agresiones dentro y fuera de la escuela para cualquier sujeto que se le plazca atacar algún docente sin importar edad y sexo. Y esto es tan así que uno puede recorrer cualquier escuela, a cualquier hora y sobre todo en zonas urbano marginal y podrá notar con grave asombro, cómo le gritan, insultan y hasta lanzan escupitajos a los docentes por la nota que le pusieron a sus hijos, hermanos, sobrinos o nietos. O porque les enseñaron higienizarse, o expresarse correctamente o cumplir con los estudios. Ya que todo eso que “la seño” indica atenta contra las malas costumbres y el desprolijo vivir de esos hábitat que alguna vez fueron hogares que contenían familias y valores..

Todo esto tiene un aditivo impensado que le agregó el actual gobierno en el medio de la discusión salarial y la implementación del Item Aula, cuando sin muchas aclaraciones o casos puntuales se expresó “que los docentes eran vagos y no trabajaban”, dando rienda suelta ciertos a sectores para incrementar aún más la fobia contra el guardapolvo blanco.

El sistema educativo continúa en crisis, porque lo pedagógico está lesionado ante una violencia que no se detiene y que en cualquier momento podría dejar ante los ojitos de un niño que entre sollozos expresaría ¡seño,…seño,…seño!,   respóndame! No se quede allí tirada!

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