niña perro

mayo 9, 2016 10:45 am

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Por Sergio Biglieri – Médico Veterinario

Cuando miramos a nuestro perro reposar plácidamente en casa o cuando corre desenfrenadamente a recibirnos, muy pocas veces nos preguntamos cuando comenzó todo esto. Es decir, cuando los seres humanos adoptamos a los perros como mascotas y en qué momento pasaron del patio al interior de las casas, del garaje a la cama y mucho más atrás en el tiempo, de la naturaleza a nuestras vidas.

Ese viaje fue un trayecto largo y complejo, pero como todo, tuvo un comienzo.

De Lobo a Perro

Existen muchas teorías del origen del perro y durante años se acuñaron ideas encontradas en relación a qué animal es el verdadero padre de nuestro más fiel amigo. En la actualidad el consenso científico considera al lobo como el antecesor  de nuestros perros y parece que esta historia comenzó alrededor de 10.000 años atrás.

Inicialmente la relación que se establece entre humanos y lobos no era muy amigable, de hecho competían por las presas y los espacios de caza y ocasionalmente uno era víctima del otro pero en algún momento hubo un quiebre y el ser humano que capturaba y conservaba lobeznos para consumo, con el transcurso del tiempo, este vínculo de utilidad unidireccional fue cambiando.

Lo que motivó el cambio de actitud está claramente identificado y es por la naturaleza social y las habilidades de caza que tiene el lobo. Si miramos la estructura social del lobo comprenderemos que resulta muy similar a la del hombre primitivo.

En una manada existen un lobo alfa dominante que controla el equilibrio del grupo y toma las decisiones más importantes en torno a la caza y supervivencia, luego existen animales de diferentes rango social y cada uno ocupa su rol en el grupo. Cazan y se alimentan juntos, descansan, juegan y defienden su territorio e integridad física en conjunto, dirimen sus conflictos internos donde el macho alfa define los pleitos de manera salomónica e inclusive las hembras ayudan en la crianza y lactancia como nodrizas a los cachorros del grupo.

Si observamos detenidamente esa estructura social veremos que nos resulta muy familiar y esas características fueron responsables de que se trazara un puente entre ambas especies que resultó en este vínculo tan íntimo de la actualidad.

Pero debemos aclarar que al hombre prehistórico, no lo movilizaba esta relación solo desde el punto de vista afectivo sino a través del beneficio. Si bien el lobo se adaptaba a ser sometido jerárquicamente, seguía al líder de manera natural y aceptaba ordenes, lo que lo transformó en tan tentador para hombre conservarlo y no comerlo, fueron las habilidades de cazador.

Este nuevo socio tenía un olfato formidable, gran capacidad auditiva, exquisitas habilidades atléticas que le permitían perseguir y captura presas mas grandes a las que estaba acostumbrados. Sus lobos, perseguían, detectaban, acechaban y colaboraban en la caza de grandes piezas a cambio de comida y que le permitieran pertenecer a esta nueva “manada”.

En la actualidad

De esos lobeznos capturados a los perros de hoy pasaron muchos años y muchas modificaciones físicas que fueron dándole una impronta al lobo que hoy es prácticamente irreconocible en nuestros perros. Pero los cambios han sido más estéticos que elementales o de comportamiento.

El profundo bienestar que nos genera su presencia y contacto, la compañía incondicional que nos brindan en los momentos más aciagos y esa profunda amistad que no necesita rendir cuentas  fueron introduciendo al perro cada vez más en nuestro mundo más intimo al punto de que hoy es difícil  no considerarlos como uno más de la familia.

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