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diciembre 11, 2014 6:14 pm

Es posible que alguna vez le haya llamado a atención un gran pedido de dadores de sangre a través de los medios de comunicación o las redes sociales. Algo así nos sucedió a nosotros cuando difundimos la urgencia de un pedido de 150 donantes para un joven mendocino.
Donar sangre es un servicio a la comunidad que, con el pasar de las horas, desaparece de la memoria colectiva, por lo que El Ciudadano decidió hacer el seguimiento de este pedido en particular –utilizando el contacto que las redes sociales permiten– con quien, en este caso, es el protagonista de la nota.
Se llama Gastón Salmaso, tiene 34 años, trabaja en el Poder Judicial y desde hace tres semanas aproximadamente está hospedado en la habitación Nº 32 del Hospital del Carmen. Él es el hombre detrás del multitudinario pedido de dadores de sangre que conocimos a través de los medios hace casi un mes.

Desembarco en el hospital
Uno de los días mas calurosos de lo que va del año llegamos hasta el hospital y ahí mismo aprovechamos para charlar y, de alguna manera, también reconstruir los días previos al pedido de sangre que acaparó nuestra atención. “Hacía tiempo que tenía dolores de cabeza muy frecuentes y por eso me había hecho algunos estudios”, arrancó su relato de cómo llegó al hospital el Gato, como le dicen sus amigos.
Aunque fue unos días después cuando su cuerpo le avisó que algo no andaba bien, por lo que fue a una clínica, se hizo análisis y recibió los resultados un rato después: “Uno de los médicos me dijo que tenía el nivel de hematocritos muy bajo y que con esos valores debería estar internado. Me dio el pase de internación, y como andaba en mi moto me fui a casa, llamé a una amiga médica y cuando estaba hablando con Andrea (mi chica) me di cuenta de que me costaba hacerme entender tanto al hablar como al escribir mensajes. Todos se preocuparon y finalmente me internaron. Llegué con el último ‘combustible de sangre’ al hospital”, relató Gastón.

Diagnóstico: la previa de un pedido
Si bien el joven está en una sala común desde hace un par de semanas, pasó varios días en Terapia Intensiva y, mientras tanto, le realizaron todo tipo de estudios para dar con las causas de un nivel tan bajo de hematocritos.
“Después de los estudios lo que me dicen es que supuestamente hay dos enfermedades: Púrpura trombótica trombocitopénica, asociada con lupus; al parecer lo tenía dormido en el cuerpo y se despertó hace poco”.
“Una es como tener un psicópata adentro tuyo que te va rompiendo los glóbulos rojos y, la otra, le va limpiando el camino para que pase el psicópata. Por eso es que me hacen el traspaso de plasma”. Así, a modo de metáfora, el joven graficó lo que pasa dentro de su cuerpo y el por qué de la necesidad de sangre. “Mi grupo sanguíneo es B Rh (+) y es complicado conseguirla, por lo que los médicos dijeron que íbamos a necesitar mucho más donantes”, explicó.

Génesis de una campaña
En ese momento ya había un diagnóstico y una necesidad: reunir 150 dadores de sangre para garantizar el inicio del tratamiento y empezar la recuperación.
“Ahí se pusieron en movimiento mis amigos del barrio, los amigos de mis amigos, compañeros de trabajo y muchas personas más, para poder conseguir los dadores. En mi trabajo también se portaron más que bien, y desde Recursos Humanos hicieron pedidos de sangre por correo a muchas personas. Mis amigos consiguieron un grupo grande de cadetes de la Policía que vino hasta el hospital a donar sangre, sumados a muchas personas que no me conocen, pero que también vinieron”.

Respuesta afirmativa
El pedido circuló por las redes sociales, canales de televisión, diarios digitales y de boca en boca, o mejor dicho, de corazón a corazón. Fueron muchos los que se movilizaron para conseguir la sangre, y otros tantos los que dejaron de lado su rutina diaria para darle una posibilidad a Gastón, a tal punto que colapsó el banco de sangre del hospital y empezaron a derivar a los dadores al Centro Regional de Hemoterapia.
“No tengo idea cuántas son las personas que fueron a dar sangre para mí, pero sé que son muchísimas y estoy muy agradecido. Algunos se han contactado a través de redes sociales para contarme que fueron, otros que no pudieron ir pero que difundieron el pedido entre sus conocidos”, contó Gastón, quien está pensando en pedir el registro de todos los que dieron sangre para poderles agradecer personalmente la actitud.
Ante la pregunta de si se siente orgulloso de toda esa gente, el joven no dudó en responder: “No sé si es orgullo, lo que siento es satisfacción social por todo lo que tanta gente ha hecho por mí. Hacía tiempo que no veía algo así. Y me da satisfacción social”.
(…) Cada uno da lo que recibe y luego recibe lo que da, nada es más simple, no hay otra norma: nada se pierde, todo se transforma…”, reza el poeta Drexler, mientras Gastón hacía memoria: “En el 2001 necesité sangre para mi viejo, que iba a ser operado, y desde ese momento soy donante habitual; al menos una vez al año dono sangre para gente que no conozco. Ahora con el lupus me han dicho que no puedo hacerlo porque mi sangre carece de anticuerpos, pero siempre me gustó dar sangre para quienes no conocía”, comentó con seguridad, casi como si hubiera sido la antesala de lo que vendría después./ Rebeca Rodriguez

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