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julio 22, 2016 8:00 pm

Si algo dejó en claro la muerte de Julio Grondona es que no ha habido otro dirigente con peso específico para imponer sus decisiones sobre el planeta AFA como lo hacía el ferretero de Sarandí.

En tiempos del grondonismo, el Jefe imponía todo: él se encargó de designar a cada entrenador del seleccionado, léase Bilardo, Basile, Passarella, Bielsa, Batista y Maradona, como también a los de los seleccionados juveniles, como en el caso Pékerman. Si hasta el Tata Martino fue designado por una sugerencia de Don Julio en vida.

Si sus decisiones fueron acertadas o no, son dos mangos aparte. El punto en cuestión es que Julio Grondona digitaba todo. Cabe recordar aquellas famosas definiciones desde el punto del penal tras un empate de 1988 y los promedios defendidos a rajatabla por El Padrino, por ejemplo.

De sus decisiones, también sobrevino el fin de los Torneos Nacionales y la creación del Nacional B, que fue un paradigma para la profesionalización del fútbol del interior, pero al mismo tiempo la primera herida mortal a las ligas del interior.

El deceso del Jefe desnudó la crisis de liderazgo que sobreviene cuando una estructura está respaldada en una figura tan personalista. Sacó a la luz que no todo era tan cohesionado como se pretendía hacernos creer.

Una vez que los pañuelos para enjugarse las lágrimas por la muerte de Grondona comenzaron a secarse y ser guardados, las disputas por el control del fútbol y la forma de distribución de los ingresos por derechos de televisión salieron a la luz.

La grieta entre los sectores del grondonismo residual (Segura) y la renovación (Tinelli) llegó al extremo de un papelón con la asamblea fallida para presidente, en diciembre de 2015.

Allí comenzó a gestarse una suerte de pacto de caballeros entre los cinco grandes de la AFA y el Gobierno nacional: la denominada Superliga. La idea era clara: redistribuir los ingresos por televisión, relanzando el programa ‘Fútbol para Todos’.

Para la AFA resultaba escasa la última oferta de $2.500 millones por los derechos anuales, por eso hasta se contempló la posibilidad de rescindir el contrato para buscar nuevos oferentes.

En esa nueva disposición de fuerzas, Boca y River recibirían más dinero y en un segundo escalón el resto de los clubes mencionados.

La B Nacional cobraría $1.589.000 por mes, una cifra algo superior al millón y medio que habían pedido para seguir compitiendo. Para el resto del ascenso (Primeras B, C, D y Consejo Federal), la Superliga le aportaría a la AFA el 8% de sus ingresos televisivos.

Pero claro, hoy, más allá de que la Superliga no se haría efectiva hasta 2017, arribamos a una conclusión: con Grondona y sin él, el interior sigue siendo ninguneado, tanto deportivamente como en beneficios económicos. El centralismo es el que manda.

Son como dos realidades distintas. El fútbol de los grandes y un interior que apenas sobrevive y se somete a estructuras de certámenes deficitarios y con espirales interminables para subir de categoría.

Los grandes pelean sus dividendos en sus realidades de General Paz hacia adentro. El interior queda exento de las discusiones de fondo. Así, el federalismo sigue garpando para los discursos de funcionarios y dirigentes deportivos.

¿Para cuándo la Liga Federal del Interior?

Corría 1967 y Atlético San Martín se convertía en el primer equipo mendocino en disputar el Torneo Nacional. Este certamen, creado por el interventor de la AFA llamado Valentín Suárez, se jugaba entre los equipos clasificados de las provincias y los directamente afiliados a la Asociación del Fútbol Argentino.

Si bien en los primeros tiempos el desfasaje era notable, con el correr de los años pudo observarse que la brecha se iría acortando.

Pero con una AFA con bolsones de presunta corrupción, el papelón de la Superliga y un interior destruido por consecuencia directa de las decisiones centralistas de la entidad de la calle Viamonte, se valoran mucho más aquellos dirigentes como Amadeo Nucetelli (Talleres) o Mirkin (San Martín de Tucumán), que planteaban abiertamente la creación de una Liga Federal del Interior, fuera de la AFA centralista.

Considero que la conformación de la Superliga constituye una actitud y gesto de rebeldía frente al permanente avance del fútbol del interior, y que intenta volver a los tiempos del unitarismo y centralismo que caracterizó a la AFA durante décadas. Asimismo, la mayoría de los que impulsaron la creación de la Superliga son los que durante años aceptaron cada decisión del ex presidente de AFA, Julio Humberto Grondona, que con aciertos y errores profundizó la federalización del fútbol argentino”. Carlos Suraci, titular de la Liga Mendocina de Fútbol.

Por Fernando Montaña – El Ciudadano

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