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diciembre 29, 2014 4:56 pm

En los últimos años los cuestionamientos para con el fútbol argentino se multiplicaron, en algunos casos con criterio y en otros las críticas tenían como pilar una intención escondida.
Es cierto que desde el punto de vista organizativo parece retroceder, sobre todo en una era post-Grondona y el mamarracho de torneo con el que recibiremos al 2015. Sin embargo el alma del juego, los jugadores, siguen brotando y en este área podemos jactarnos de ser el granero del mundo.
Lo cierto es que con un fútbol del tercer mundo pero con players de primer mundo, la Argentina conquisto un gran segundo puesto en el Mundial de Brasil, sucumbiendo ante Alemania por la mínima diferencia en el segundo tiempo suplementario con aquella acrobacia de Göetze. Es cierto que el equipo teutón llegó a la final con un día más de descanso, con solo un tiempo de desgaste en su histórica goleada por 7-1 ante el local y esos detalles en este nivel marcan la diferencia.
En cuanto al fútbol vernáculo a nivel continental se consiguieron todos los objetivos. San Lorenzo hizo historia y por primera vez conquistó la Copa Libertadores de América, logro que le dió la posibilidad de viajar a Marruecos a jugar el Mundial de Clubes, donde perdió claramente la final ante el poderoso  Real Madrid por 2 a 0.
En el segundo semestre del año, el desafío continental también tuvo como vencedor a un equipo  argentino; fue el sorprendente River de Gallardo, quien se alzó con la Copa Sudamérica con marcada superioridad sobre su rival, Atlético Nacional de Colombia.
Si bien es cierto que tenemos dirigentes que no están a la altura de las circunstancias, aunque existen honrosas excepciones, hay síntomas que auguran un futuro prometedor: las estrellas del mañana siguen fabricándose en la Argentina.

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