CasaRosada

enero 10, 2015 10:01 am

(Especial de NA por José Calero)
Cuestiones centrales como la salida efectiva del default, la eliminación del cepo cambiario y la creación de incentivos firmes para atraer inversión extranjera directa quedarían para el próximo gobierno, según los indicios brindados por la administración kirchnerista en los primeros días del 2015. Algo similar ocurriría con el déficit fiscal y la incontenible emisión monetaria, una variable que sigue presionando sobre la inflación y genera un escenario financiero artificial.

“Los fondos buitre no quieren negociar”, disparó el ministro de Economía, Axel Kicillof, en una de las señales más claras de que la distancia entre la Argentina y esos ariscos acreedores es abismal. Incluso, Kicillof dijo que fondos como Elliot, de Paul Singer, “trabajan para no aceptar, van a un juez, reclaman todo y toman de rehenes al 93% que sí apostó por Argentina”.

Las palabras del ministro reflejan que a pesar de la caída de la cláusula RUFO, son mínimas las posibilidades de que la Argentina arribe a un acuerdo para decirle al mundo que salió de default. “Si alguien le quiere pagar a los buitres todo lo que reclaman, que lo haga el próximo gobierno, no cuenten con nosotros”, fue el mensaje transmitido a banqueros por allegados al equipo económico.

El mensaje es claro: el país está dispuesto a pagar lo mismo que en el canje 2010, ni un dólar más. Los bancos vienen sondeando desde hace tiempo lo que puede ocurrir, e incluso intentaron llegar a un acuerdo extrajudicial fallido que, algunos dicen, fue una de las causas de la salida de Juan Carlos Fábrega de la presidencia del Central, ya que desde la Casa Rosada lo acusaron de fogonear ese convenio fallido.

Muchas de las cuestiones por solucionar requerirán de medicinas amargas, que la presidenta Cristina Fernández no parece dispuesta a aplicar, porque rechaza adoptar medidas impopulares en un año electoral. La política económica pobló de inconsistencias al modelo, en especial por su tendencia a disparar el gasto público para sostener el consumo, aún a costa de seguir presionando sobre los precios, debilitando el frente fiscal y espantando inversiones.

“Nunca tomaré una decisión en perjuicio del pueblo argentino”, suele machacar la presidenta, al defender la estrategia expansiva del gasto. El problema es que esa política sólo piensa en el presente, y puede terminar dejando un futuro hipotecado, una película que los argentinos ya padecieron en varios pasajes de su historia.

Puede ser cierto en una economía eficiente con altos estándares de productividad, pero no es el caso de la Argentina, donde las distorsiones se acumulan a diario y se padecen fuertes problemas de competitividad. Este punto abre un interrogante sobre qué hará el gobierno con  el tipo de cambio: volver a devaluar haría reaparecer el fantasma de la inflación. Pero mantener al dólar retrasado está causando fuerte daño a sectores industriales.

La respuesta la tendrán Kicillof y el envalentonado presidente del BCRA, Alejandro Vanoli, alguien que se habría ganado la confianza de la presidenta por liderar una ofensiva sin precedentes sobre el sistema financiero para contener el blue. Esa ofensiva aún no habría terminado e incluiría nuevas investigaciones sobre evasión impositiva lideradas por la AFIP.

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