Temer

mayo 13, 2016 3:35 pm

Por Javier TOVAR y Damian WROCLAVSKY / Noticias Argentinas

Un nuevo gobierno se  instala este viernes en Brasil liderado por Michel Temer, quien  deberá adoptar medidas para rescatar al país de la crisis e  intentar sobrevivir al escándalo de corrupción que precipitó la  salida de Dilma Rousseff.

“Tenemos poco tiempo”, dijo Temer, del partido de centro  derecha PMDB, al asumir el jueves la presidencia en el Palacio de  Planalto, sede del Ejecutivo.

“Pero nos esforzaremos por implementar las reformas que Brasil  necesita”, aseguró el exvicepresidente de Rousseff devenido uno de  sus principales enemigos.

Tras meses de agitación politica, el Senado decidió el jueves  abrir un juicio contra Rousseff y apartarla de su cargo por seis  meses como máximo, mientras evalúa si merece ser definitivamente  alejada del poder por maquillar las cuentas públicas.

– Aplausos y críticas –      

“Es preciso recuperar la credibilidad de Brasil en el escenario  nacional e internacional” con medidas que corten el gasto público  y atraigan inversiones, dijo Temer, un astuto y discreto abogado  constitucionalista de 75 años, rodeado de su flamante gabinete.

Entre ellos, el ex presidente del Banco Central Henrique  Meirelles, quien será el nuevo ministro de Hacienda, y el  economista José Serra, ex gobernador de Sao Paulo, que estará al  frente de Itamaraty, el ministerio de Relaciones Exteriores.

Pero su equipo ya recibió críticas y cuestionamientos, en  particular por la ausencia total de mujeres y negros.

Los mercados ven con buenos ojos a Meirelles, ex presidente del  Banco Central durante la presidencia de Luiz Inacio Lula da Silva  (2003-2010), recordado por la ortodoxia con la que logró controlar  la inflación y sanar la economía de Brasil.

Meirelles dará más detalles sobre las medidas de  shock para sacar a Brasil de la peor recesión de los últimos 25  años, que se pudieron entrever en el plan conocido como “Un puente  para el futuro” de Temer.

No será nada fácil. Temer puede enfrentar una feroz oposición  de la izquierda y muchos de los problemas que acosaron a Rousseff,  especialmente una economía destrozada (registró una fuerte  contracción de 3,8% del PIB en 2015), demasiado dependiente de un  precio elevado del petróleo, el mineral de hierro y otras materias  primas.

Además muchos de sus ministros y aliados políticos están en la  mira de los fiscales que investigan el megafraude a la estatal  Petrobras, lo que le resta credibilidad.

Sobre todo porque llegó al poder sin el aval que dan las urnas  y con un bajísimo apoyo popular: apenas entre 1% y 2% de los  brasileños votarían por él para presidente, según un sondeo  reciente.

Temer aseguró el jueves que no obstaculizará la investigación  del mayor escándalo de corrupción en la historia del país,  bautizada “Lava Jato”.

“Nunca dejaré de luchar” –   

La suspensión de Rousseff, una ex guerrillera de 68 años que se  convirtió en la primera mujer en asumir el poder del gigante  sudamericano en 2011, marca el fin de una era de la izquierda en  América Latina.

Rousseff dejó la presidencia de Brasil por acusaciones de que  ocultó déficit y engrosó las arcas con préstamos de bancos  estatales durante su campaña a la reelección de 2014. Pero ella  minimiza los hechos y asegura que el “traidor” de Temer le asestó  un “golpe parlamentario”.    Combativa, antes de abandonar el Palacio de Planalto llamó a la  población a movilizarse para defender la democracia.

“A los brasileños que se oponen al golpe, sean del partido que  sean, les hago un llamado: manténganse movilizados, unidos y en  paz”, dijo Rousseff en su despedida.

“Pude haber hecho errores, pero no cometí ningún crimen”,  precisó y volvió a decir: “nunca dejaré de luchar”.

Rousseff se aleja del cargo con apenas un 10% de popularidad,  en medio del megafraude en Petrobras que ha manchado a buena parte  de la élite del poder en Brasilia. Y se quedará sin inaugurar los  Juegos Olímpicos que se celebran en agosto en Rio de Janeiro.

Para destituirla definitivamente, la oposición requiere dos  tercios de los votos del Senado (54 del total de 81 miembros). Uno  menos que los registrados el jueves, lo que hace muy difícil su  retorno al poder.

Gran parte de su desgaste se debe a la trama de corrupción  descubierta hace dos años en la estatal petrolera, que tiene en la  mira a decenas de políticos de su PT, del PMDB de Temer, del  Partido Progresista y a poderosos empresarios.

La ex guerrillera no es blanco de ninguna investigación o  acusación por corrupción.

“Siento el dolor de la injusticia”, dijo antes de recluirse en  el Palacio de Alvorada, residencia del gobierno brasileño desde  donde prepara su defensa.

Dejá tu opinión

comentarios