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septiembre 9, 2016 2:00 pm

Los pequeños comercios de la provincia no levantan cabeza y los efectos de las bajas ventas recaen en una sociedad cada vez más empobrecida y con menos poder adquisitivo.

La retracción económica con origen en el aumento del desempleo, el incremento de los costos de producción y la caída del consumo en casi todos los rubros comerciales, se comporta a modo de círculo vicioso con origen en la ausencia del Estado a la hora de controlar precios.

Como siempre sucede, el consumidor es el primero en pagar los platos rotos, y las consecuencias de la crisis repercuten en la economía familiar, que una vez más, y como en casi todo el año, se presenta acotada a la hora de comprar artículos y alimentos de primera necesidad.

Más familias empobrecidas

El principal factor que explica el fenómeno de la baja es el empobrecimiento de las economías familiares, lo que se refleja en las pobres ventas.

En ese sentido, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) informó esta semana que las ventas en comercios minoristas de Mendoza cayeron un 8% anual, lo que en contraste representa un 0,7% más que los mismos datos a nivel nacional.

Lo cierto es que, a pesar de las estrategias de emergencia para impulsar el consumo con ofertas y cuotas, durante el mes pasado la gran mayoría de los almacenes y comercios minoristas locales cerraron con pérdidas.

Así, con el resultado de agosto, las ventas minoristas, medidas en cantidades, acumularon una caída promedio del 6,7%, en los primeros ocho meses de este año, en comparación con el mismo período de 2015. El mes pasado, según el sondeo, “se sintió fuerte la pérdida de poder adquisitivo de las familias”.

En tiempos de paz… economía de guerra

Hasta hace menos de cuatro meses, una familia tipo de clase media gastaba entre $8.000 y $8.500 en alimentos, productos de limpieza e higiene personal. Por estos días, según los especialistas consultados, la misma estadística marca un valor total de entre $10.000 y $10.500, aún cuando los últimos índices muestran que la inflación se estanca.

Más despidos por baja rentabilidad

Como siempre sucede, el laburante es el primero en sufrir los embates de una economía “en proceso de achicamiento”.

Muchos comerciantes que todavía mantienen las puertas abiertas, lo hacen gracias a que han reducido el equipo de trabajo. Hablamos, por ejemplo, de almacenes de barrio con cuatro empleados, que al no poder enfrentar los costos laborales y tributarios que demanda el trabajo en blanco, despide a gente como primera medida de subsistencia.

“Cuando el pequeño empresario tiene el agua al cuello y no llega a fin de mes, antes de cerrar, prueba con trabajar con menos gente. Siempre sucede. Algunos, inclusive, para no dejar sin trabajo a sus empleados los sacan de ‘los libros’ y vuelven a trabajar en negro”, comentó a El Ciudadano el analista comercial mendocino Germán González.

“Precios que suben, ventas que bajan”

Así describieron la actividad económica de agosto los últimos informes de la ONG Consumidores Libres. Según su informe correspondiente al mes pasado, los 38 artículos de la canasta básica de alimentos aumentaron un 1,95% en agosto y acumularon una suba del 28,21% en lo que va del año. Para realizar el informe y monitorear el nivel de ventas, en Consumidores Libres tuvieron en cuenta los movimientos de 1.350 comercios pequeños y medianos de todo el país, como así también de las cinco cadenas de supermercados más importantes.

Una opinión fuera de las estadísticas

Con el firme propósito de humanizar el tema y no tomar a las personas como simples números estadísticos, el periodista de El Ciudadano Fernando Montaña reflexionó con respecto al tema.

“Seguramente los más calificados me correrán de atrás con teorías sesudas en economía. Pero sé como suda otra gente porque ve cómo sus negocios disminuyeron sus ventas y el panorama no es muy alentador al respecto. Hoy (por ayer) caminaba por Catamarca, Buenos Aires y Rioja, calles que en tiempos de crisis son las primeras que pagan los costos de los ajustes desaforados, y el panorama era más o menos similar. Empleados en las veredas con los brazos en jarra a la pesca de algún cliente o sentados detrás del mostrador con cara de nada. Pienso que no estaba tan mal esto de entender el consumo como una manera de mover un poco la rueda de la economía, la diaria, la de todos los días, más que soñar con inversiones ambiguas y dejando de lado a un montón de tipos que quedarán indefectiblemente afuera del sistema laboral. Más que bronca, me da tristeza”, razonó el comunicador.

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