Tomba García Morro Ayoví

marzo 20, 2016 7:05 pm

Cuando aún restaban algunos minutos de ese viernes 5 de febrero de este año, y con el resultado sellado de un partido de fútbol disputado en el Gigante de Arroyito, ahí en Rosario, un puñado de personas se aprestaba a embarcarse de regreso hacia nuestra provincia. Con la derrota a cuestas, con caras largas, de preocupación, de haber realizado la tarea a medias.

Muchos en ese mismo momento, a la distancia, intuíamos que poco había cambiado. Que era más de lo mismo. Que se había formado algo nuevo, con algunos refuerzos, con un renovado cuerpo técnico, pero que los viejos problemas siempre encontraban el resquicio necesario para ganar el espacio en la primera plana. En buen romance, equipo nuevo, errores viejos.

Lo que pocos presagiaron en esa ocasión es que se había empezado a gestar algo diferente. Porque apuntalado en la autocrítica adecuada, Sebastián Méndez comenzó a delinear lo que en el fútbol a la mayoría de los entrenadores les cuesta una eternidad, y que por lo general fracasan en el intento: diseñar un “grupo” a la medida de las posibilidades con que se cuenta. Por eso la insistencia de que David Ramírez se acoplara a este proyecto.

Mucho se habla en nuestro fútbol de este famoso “grupo”. Que “es lo más importante”, que “estamos más unidos que nunca”, que “no existen ningún tipo de diferencias, “que tiramos todos para el mismo lado”, “que esto lo sacamos entre todos”; entre otras tantas frases demasiado trilladas. Nada de eso. Todo verso. Porque nadie de este mismo grupo de jugadores de Godoy Cruz osaba con explicarnos que Leandro Fernández, gran jugador, era nocivo para el “grupo”, que jugaba para deportivo Fernández.

No hacía falta que algún jugador de este nuevo plantel manifestara en las primeras fechas de este torneo que el goleador que hoy milita en Independiente era una pieza que no hacía funcionar los engranajes necesarios para fortalecer el compromiso por el “grupo”. Nos dimos cuenta. Ya todo había cambiado.

Hoy el Tomba mendocino ha encontrado lo que todos buscan, un grupo genuino. Y son muchos los argumentos para fundamentar esta afirmación. El discurso simple de un entrenador que busca el bien común, y que tiene como principal virtud mantener con tranquilidad y expectativas reales a los futbolistas que no les toca tener minutos en cancha, clave necesaria para la consolidación grupal. Futbolistas que están entendiendo que un partido a veces lo gana un solo jugador, pero que los objetivos importantes se consiguen con el sacrificio colectivo. Profesionales que agregaron algunos conceptos a este equipo que en Godoy Cruz parecían haberse perdido. Este conjunto tiene convencimiento por lo que hace, pero además esto lo sostiene con rebeldía cuando las cosas le resultan desfavorables. Todo está apuntalado sobre rendimientos individuales en constante crecimiento que hacen que la imagen colectiva cada vez sea más en armonía con las circunstancias que tiene que atravesar.

Entonces, cuando este domingo 20 de marzo nos despierta con la realidad que el equipo mendocino se encuentra en la cima de la tabla de posiciones de la Zona 1 del torneo de primera división, transcurrido la mitad del mismo, rápidamente nos damos cuenta que esto es el fruto de un “grupo” de muchachos que entienden de que se trata. Que por momentos queda en deuda desde lo futbolístico, es cierto, pero que se ha puesto una idea fija en la cabeza. Con argumentos propios, sin sobrarle nada, pero con el convencimiento necesario de que este es el camino correcto. Sin desviar la atención por lo importante, pero adaptando el objetivo a los resultados obtenidos. Cinco victorias, dos empates y una sola derrota, aquella del 5 de marzo. Se acuerda? Exacto, donde comenzó la “gesta grupal”.

Grupo que deberá hacerse cargo del momento, con la responsabilidad de ostentar la punta del certamen. Pero no debe olvidarse de disfrutarlo, porque lo más difícil ya lo logró: justamente amalgamar relaciones humanas y futbolísticas para transformarlas en un grupo homogéneo, comprometido a dar lucha aún en las condiciones menos propicias.

Hay que ir por más, hay que ir por todo, sin descuidar lo conseguido.

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