empleos

octubre 25, 2014 11:19 pm

Y pensar que uno considera que el trabajo dignifica al ciudadano. Saber que esto se plantea con una maquiavélica e intencional maniobra, donde lo que menos interesa es la preparación intelectual, o tan siquiera la capacitación de ese ciudadano echa por tierra eso de la dignificación, para transformarse en una vileza.

Es lo que precisamente queda al descubierto cuando se analizan lapidarios informes que ha dado la Organización Internacional del Trabajo (OIT), organismo que dice sin dilación alguna que es alarmante la escasa educación en quienes transitan la informalidad laboral de nuestro país. La misma informalidad que sigue siendo elevada aún en una década de crecimiento económico.

El informe de la OIT expresa que “la informalidad se profundiza ya que el trabajador con bajo nivel de educación no puede hacer frente a cargas sociales que carcomen el 45 % de su salario. Entonces, es donde la informalidad se muestra despiadada al no generar ningún tipo de protección. Pareciera, que hay que bucear nuevas direcciones que permitan disminuir las cargas sociales (que encarecen los sueldos más bajos) antes que terminar con el mínimo no imponible”, sentencia el organismo internacional.

Esta es la evaluación de la radiografía laboral que hace la OIT. inclusive con una airada respuesta de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner al organismo laboral internacional. Por eso analicemos el fenómeno en sí y sus consecuencias.

Tenemos que saber en primera instancia que lo que expresa la OIT es cierto, objetivo y preocupante. Cierto si uno se remite a lo que nos encontramos en el mercado laboral. Objetivo, porque la Organización Internacional del Trabajo no tiene porqué mentir o inventar sobre algo que es evidente en el campo productivo y empresarial de Argentina, como así de inversores del exterior. Preocupante, porque ya no caben dudas que es parte de un sucio esquema que se ha instalado con fines que solo ayudan al inadmisible crecimiento de la brecha entre ricos y pobres, dejando al descubierto la desbalanceada distribución de la riqueza.

Dicen algunos dirigentes gremiales de aquí, como la secretaria general de ATE Mendoza, Raquel Blas, que “cuando uno mira cualquier estrategia de capacitación o de calificación de la mano de obra de los trabajadores, observamos que están íntimamente vinculados al proyecto de país y modelo productivo. Por eso, mirando la realidad actual, donde Argentina se ha transformado en un país sojero, que vende materias primas al exterior y que arma y ensambla partes que vienen de afuera, no se requiere mano de obra calificada”, subrayó tajantemente la dirigente gremial. Inmediatamente, Blas ponderó lo ocurrido durante el primer gobierno de Juan Perón, cuando el Plan Quinquenal incluía gran apuesta a niveles de calificación de sus trabajadores, para no solo ser la nación de granos y carnes, sino también un país fuertemente industrializado”.

Las expresiones de la dirigente gremial mendocina me confirman que lo que muchos venimos viendo es preocupantemente real. Solo basta analizar lo que ocurre, por ejemplo, con el Instituto Malbrán. Organismo pionero en Sudamérica en la fabricación de vacunas, pero que sin embargo hoy sucumbe ante la producción de potentados laboratorios del exterior porque desde el gobierno central se decretó alguna vez una “cruel veda de fabricación de vacunas”.

Otro ejemplo que podemos observar es lo sucedido con un verdadero emporio educativo y formador como lo fuera alguna vez la Universidad Tecnológica Nacional, la que hoy no solo no tiene incidencia en esa mano de obra calificada cada vez menos peticionada, sino que no es parte (y es lo más preocupante) de un proyecto de país.

Como contrapartida vemos con desazón como los CEBA están abarrotados por quienes pretenden terminar la primaria incentivados “solo” por ese dinero ofrecido por el Estado. En cuanto a la secundaria, la OIT expresa que el 61 % de los trabajadores con educación secundaria incompleta inciden también en la informalidad de nuestro país. Dicen que todo esto, es parte de un modelo dependiente que se alimenta de tres aspectos: soja, muy requerida en altos niveles de toneladas por China. A propósito, muchos dicen que el acercamiento con el gigante asiático solo requiere de mano de obra no calificada y por lo tanto barata.

El otro aspecto es la cuestionada explotación minera, en la que el país hasta ahora no encuentra grandes beneficios para su erario. Más bien hay fuerte polémica, como ocurre en Mendoza y donde se dice que los metales extraídos de las entrañas de nuestras montañas salen en bruto de nuestra nación para ser procesados en otros países, dejando aquí solo migajas.

Mientras que el tercer aspecto es la cuestión impositiva, que a esta altura de los acontecimientos la que sobrellevan los argentinos es groseramente despareja e injusta. Todo se concentra en el poder central quien determina cobrar jugosas sumas con el impuesto a las ganancias sobre el sueldo de todo trabajador, estatal o privado.

Además de las inequidades que produce sobre las provincias como Mendoza en la coparticipación federal, en las economías regionales, el impuesto al cheque y la mala liquidación de las regalías petroleras. Puntos que calificados y cuantificados correctamente, como inclusive conmina la constitución nacional reformada en 1994, potenciaría inversiones y abriría esas posibilidades de otro tipo de país. Donde la educación, el progreso y la inversión estarían en una misma línea de flotación y donde el trabajo requeriría de obreros calificados y capacitados.

En este lamentable estado de situación solo queda esperar el cambio que nos propone el camino democrático del país de estos tiempos. Allí, donde el golpeado ciudadano encuentre que la productividad se mejora con educación. Donde el costo laboral sea replanteado con un esquema de prestaciones sociales y fuerte reducción de impuestos que gravan los sueldos, sobre todo los más bajos. Pero fundamentalmente que la educación y la formación sean parte esencial de un país que se eleva en el merecido y justo nivel de vida de sus habitantes.

Daniel Gallardo – Periodista y productor radio Estudio Cooperativa 91.7 y diario El Ciudadano.

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