trabajadores crucificados

diciembre 10, 2014 8:57 am

Tres ex empleados de la represa Itaipú, compartida entre Paraguay y Brasil, se clavaron a un madero frente a la embajada brasileña en Asunción como forma de reclamar beneficios laborales que, dicen, se les deben desde su construcción. Se trata de Roque Samudio, de 58 años, Gerardo Orué, de 49 años, y Roberto González, de 61 años. Los dos últimos ya realizaron una protesta similar a mediados de noviembre, cuando durante tres días se mantuvieron clavados a tablones colocados sobre la acera de la embajada.

Uno de sus compañeros fue el encargado de emplear el martillo y el clavo con el que perforó las manos de los tres, que quedaron así sujetos a las tablas de madera, mientras el resto de extrabajadores entonaban cánticos religiosos para infundirles ánimos. El trío recibió anestesia previa a la acción de protesta y fue atendido por varias mujeres que se ocuparon de darles agua y humedecer sus frentes para protegerles del intenso calor.

Los ex empleados reclaman varios beneficios laborales retroactivos contenidos en un convenio de 1974 que los gobiernos brasileño y paraguayo, en aquel momento bajo dictaduras militares, se comprometieron a otorgar por igual a los trabajadores de ambos países, explicó Carlos González, vocero de la Coordinadora General de los Extrabajadores de Itaipú y Contratistas.

Entre estos beneficios se encuentran varios incentivos por productividad y antigüedad, así como un vale de alimentación y complementos por vacaciones y por traslado de los trabajadores fuera de su región de origen, señaló González. “Solamente con un acercamiento y un documento escrito entre Itaipú y los trabajadores se levantará la protesta”, añadió. La coordinadora agrupa a 9.500 ex empleados, de los casi 40 mil que trabajaron en la construcción de la presa, según González.

Los ex empleados instalaron hace un mes una carpa frente a la embajada brasileña, desde la que realizan sus acciones de protesta. Además, en el lado paraguayo de la represa, sobre el fronterizo río Paraná, los ex trabajadores montaron un campamento improvisado donde pernoctan por turnos para reclamar los beneficios que, según ellos, se les adeuda.

Itaipú, la hidroeléctrica de mayor producción del mundo, comenzó a operar en 1984, con la conexión de la primera de sus actuales veinte turbinas, diez años después de que Brasil y Paraguay firmaran el tratado constitutivo para dar vida a la hidroeléctrica en la frontera entre ambos países.

Con una producción de 98,6 millones de megavatios hora (MWh) en 2013, Itaipú suministró el 75 % de la energía consumida por Paraguay y el 17 % de Brasil.

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