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noviembre 6, 2016 12:35 pm

Los defensores del clima, que a partir de este lunes participan en Marruecos en la conferencia anual de la ONU, esperan nerviosos las elecciones presidenciales del martes en Estados Unidos que podrían darle la victoria a Donald Trump. Es que en los últimos meses, el republicano ha cuestionado en múltiples ocasiones la existencia del cambio climático y el papel del hombre en este fenómeno, al que se ha referido como “tonterías” o una “farsa”. “¡Estoy en Los Ángeles y está helando, el calentamiento global es una farsa total!”, tuiteó un día de diciembre. En mayo, incluso anunció su intención de “anular” el tratado mundial alcanzado en París a finales de 2015, del que “no es un gran fanático”.
Habida cuenta del papel central que Estados Unidos, durante mucho tiempo primer y, ahora, segundo contaminante mundial, juega en este asunto, no faltan razones para que estas declaraciones preocupen.
El rechazo de George W. Bush a ratificar el Protocolo de Kioto en 2001 animó a Canadá, Japón y Rusia a salir del tratado. En cambio, en 2015, Washington, con Barack Obama al frente, fue un artífice principal del acuerdo de París, sellando un pacto con China, otro gran contaminante.

Miedo generalizado
“Todos los avances que hemos hecho, entre otras cosas, sobre el clima (…) se sopesarán” el martes, avisó el viernes Barack Obama en una entrevista por televisión. “Sería una desgracia que el extraordinario papel de líder jugado por Estados Unidos estos últimos años se pare”, dijo el maldivo Thoriq Ibrahim, portavoz de los pequeños Estados insulares.
Queda por saber si Trump podrá realmente llevar a cabo una salida del acuerdo de París, un “Parexit”, como 400 científicos estadounidenses apodaron al proceso en una carta abierta en la que pedían a su país que respetara sus compromisos. El pacto, en vigor desde el viernes, prevé que los países que lo hayan ratificado -incluido Estados Unidos- no puedan denunciarlo antes de cuatro años (incluyendo un año de preaviso).
Sin embargo, nada concreto impide que uno pueda dar marcha atrás, apunta Teresa Ribera, directora del Instituto de Desarrollo Sostenible (Iddri), con sede en París. “¡Canadá abandonó Kyoto! Y el acuerdo de París no prevé sanciones”, señala.
Una salida de Estados Unidos no invalidaría el acuerdo, subrayan los juristas interrogados por la AFP. Pero esto “sería la excusa perfecta (para otros actores) para decir ¡nos da igual!”, advierte Ribera. Para ella, la mera elección de Trump amenazaría con paralizar el proceso o, en cualquier caso, un perjudicial retraso. “Todo el mundo se detendría para esperar a ver qué ocurre”, teme Ribera. “Esto podría provocar un miedo generalizado. Hemos empezado a construir una dinámica de cooperación para transformar nuestras economías, pero todo el mundo no se ha comprometido todavía, aún es algo delicado”.
Más que una salida formal del acuerdo, Trump podría no aplicar los compromisos tomados por Obama, prevén los expertos. A los mineros estadounidenses, que temen por sus empleos, ya les ha prometido que suprimiría las medidas en vista al cierre de las viejas centrales de carbón. También ha prometido impulsar la extracción en alta mar de petróleo y de gas.

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