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septiembre 9, 2016 11:34 am

Siguiendo el consejo de mi amigo y experto en temas de defensa y seguridad, Carlos Pissolito, cuando le pido que me ayude a entender los conflictos de hoy y los del futuro, muy tranquilo me contesta: “Las claves están en el pasado, leé Un espejo distante: el calamitoso siglo IVX, de la ganadora del Premio Pulitzer, Bárbara Tuchman”.

Ese consejo me vino a la mente mientras repasaba las noticias sobre la escalada de violencia en Bolivia, pero también en Paraguay, Brasil, Venezuela y en nuestro país. Concretamente, un ministro fue torturado y ejecutado por un grupo de mineros cuando se suponía que negociaban un tregua a un conflicto sindical. Precisamente, me pareció ver un paralelo entre esta muerte con la defenestración de los mensajeros del emperador Fernando II, en Praga, y que marcó el comienzo de la Guerra de los Treinta Años. Allá por el año 1.618, cuando Europa se iba a las manos, tras dividirse entre católicos y protestantes, un siglo antes.

En aquellos tiempos, todo empezó cuando los protestantes bohemios tiraron a los enviados imperiales por la ventana. Luego, ellos fueron masacrados por las tropas del emperador. Pero la cosa se puso realmente mal cuando el emperador avanzó un paso más en su venganza y les confiscó sus propiedades a los bohemios. Otros pusieron el grito en el cielo. Primero fue Dinamarca, después se sumó el bravo rey de Suecia, Gustavo Adolfo, quien pronto se anotó varios triunfo militares, aunque para suerte de los imperiales murió al poco tiempo al cruzar un río con su caballo.

Por supuesto que el tema de fondo no era el simple hecho de haber lanzado a unos pobres mensajeros por la ventana. Incluso uno que estaba más allá de las bizantinas razones religiosas que dividían a los católicos de los protestantes.

Para empezar, Francia que era una nación católica, fue la que empezó subvencionando a los sueco para luego pasarse al campo protestante. También había pequeños reinos protestantes que se formaron junto a los católicos, a su vez, ellos se dividían en calvinistas y luteranos, pues tenían sus propias cuentas pendientes.

Pero por sobre todo había intereses geopolíticos en danza. Por ejemplo, Suecia aspiraba a controlar el Mar Báltico, mientras que Francia ambicionaba a Alsacia y Lorena. Y por su parte, España ya llevaba 18 años empantanada en su provincia protestante de Flandes, hoy los Países Bajos.

Hasta aquí la historia, vamos con las analogías con nuestra época. La primera, son las existentes entre la Reforma Protestante con los profundos procesos de cambio llevados adelante por Evo Morales en Bolivia. Este tipo de reformas cambian el balance de poder de sus comarcas y obligan a otros a reaccionar, ya sean éstos propios o extraños. De paso afecta, casi siempre, a los que no tienen nada que ver, pero que también terminan interviniendo, como fue el caso de Suecia que lo hizo diciendo que quería defender a los protestantes de los atropellos de un emperador católico. Hoy, el presidente de Bolivia acusa a los EE.UU. de entrometerse directamente en el golpe constitucional contra su amiga Dilma Roussef en Brasil y en el golpe blando, en desarrollo, contra su amigo Nicolás Maduro en Venezuela.

Pero, más allá de esta retórica interesada de Evo Morales, no cabe duda que fuerzas profundas se mueven detrás del conflicto boliviano. El hecho de que Bolivia se designa a sí misma como un “Estado Plurinacional de Bolivia” nos marca la pauta de las profundas divisiones existentes en el seno de su sociedad. Dividida entre grupos políticos, étnicos y económicos con intereses no siempre convergentes. Todo esto dicho sin llegar a mensurar los intereses de las compañías mineras multinacionales y a otros actores a los que alude Evo.

La segunda, es que los conflictos interestatales sean estos religiosos o étnicos, una vez que se inician son muy difíciles de controlar por las pasiones que desatan. De hecho, sólo el mutuo agotamiento fue lo que llevó al fin de la Guerra de los Treinta Años y no otra cosa.

Y el tercero, es que luego de un conflicto prolongado no hay verdaderos vencedores. Así como la influencia de los Austrias se vio severamente reducida después del conflicto iniciado por uno de sus monarcas, la gobernabilidad de Bolivia, de Brasil y de Venezuela se ve hoy seriamente comprometida. Esperemos que lo que cuenta la Tuchman no sea un espejo en el que lamentemos el no habernos mirado a tiempo.

El Doctor Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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