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octubre 16, 2014 8:34 am

Tras el minuto de silencio en conmemoración al fallecimiento de Antonio Cafiero, reconocido hincha de Boca, el conjunto de Rodolfo Arruabarreana recibió en la Bombonera a Deportivo Capiatá, una entidad joven, con seis años de existencia, que nunca había participado en la Copa Sudamericana.

A través de un córner, Ángel Martínez se elevó en el cielo porteño y exigió a un Agustín Orión que tuvo que volar para desactivar el peligro. Riesgo que no se diluyó, dado que en la siguiente escenaLisandro Magallán se llevó por delante al balón y descolocó al guardameta que formó parte de la Selección que viajó al Mundial de Brasil.

Con el 1 a 0 adverso, la reacción intentó llegar a través de los remates de Jonathan Calleri, pero las sólidas respuestas de Arza evitaron el empate. Además, la polémica de la noche llegó después de uno de los rebotes que brindó el verdugo de Boca, dado que Arturo Aquino empleó su brazo para despejar una pelota que tenía destino de gol. El brasileño Sandro Ricci ignoró la sanción, y los del “Vasco” se privaron de la chance de emparejar el marcador.

En el complemento, las limitaciones del dueño de casa y los desafortunados cambios que realizó Arruabarrena no colaboraron con el deseo del empate. Alguna individualidad de César Meli y los constantes centros que cayeron en el área ajena, fueron los únicos argumentos que demostró Bocapara llegar a la red.

El sacrificio guaraní, la solvencia defensiva y las falencias argentinas conformaron la combinación perfecta para que se produzca una verdadera “catástrofe” en el Alberto J. Armando. Las palabras que había tenido Mariano Echeverría en la previa del compromiso motivaron a un Deportivo Capiatá que hizo historia.

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