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septiembre 12, 2016 7:44 pm

Las antiguas estructuras mendocinas no sólo pueden presentar problemas de derrumbe –como es el caso de varios edificios ubicados en varios departamentos–, ya que sin mantenimiento y sin renovación pueden convertirse también en una barrera arquitectónica para miles de mendocinos que lo padecen a diario.

Si bien al mencionar barreras arquitectónicas se piensa en las personas con discapacidad motriz, esta falta de infraestructura adecuada afecta a casi el 40% de los mendocinos que va a realizar un trámite, ya que las embarazadas, mayores de edad y lesionados eventuales también pueden sufrir este condicionamiento.

A eso se suma, según se comenta con frecuencia, la falta de conocimiento de los empleados públicos para una atención adecuada, rápida y eficiente.

“La barrera más grande es la falta de cortesía y amabilidad de los trabajadores. No saben cómo tratar con un discapacitado. Creo que para eliminar barreras hay que capacitar a los empleados, que por ejemplo, haya alguien que entienda el lenguaje de señas y que tenga la paciencia para tratar con una persona mayor o con un discapacitado”, explicó el reconocido atleta no vidente Emilio Distéfano a El Ciudadano.

En las oficinas públicas, los discapacitados tienen derecho a realizar los trámites en el lugar que se sientan más cómodos, como por ejemplo, en planta baja para un discapacitado motriz o hasta en el auto en caso de una persona que no pueda trasladarse hasta el lugar de atención.

Calles desniveladas

La planificación urbana también es fundamental para el correcto desplazamiento de las personas con discapacidad. “Los discapacitados motrices, lo que más sufrimos son los desniveles de las veredas, ya que cuesta mucho subir y bajar constantemente”, comentó el reconocido promotor por los derechos de los discapacitados Germán Ejarque.

Prueba de estas declaraciones fue el accidente de Daniel Pérez Magnelli, quien circulando con su silla de ruedas eléctrica por la acera de la calle Arístides Villanueva, tropezó y cayó al intentar superar un desnivel en mal estado y luego falleció.

Si bien la Municipalidad de la Ciudad adujo en esa oportunidad que no es responsabilidad suya el arreglo de las veredas, ahora está ejecutando un plan de reconstrucción de las rampas, e indicó que ya se remodelaron 6 mil, especialmente en la zona del microcentro.

Los automovilistas no ayudan

En la tarea de modificar la conducta ciudadana para mejorar la accesibilidad, los automovilistas son una piedra en el camino. Se estacionan en las rampas y sobre las veredas, no respetan las sendas peatonales y hasta utilizan los estacionamientos exclusivos para discapacitados en lugares públicos.

Si bien en Mendoza la ley prohíbe que los vehículos se estacionen en la vereda, pocas veces se multa esta práctica y con el crecimiento del parque automotor esa mala costumbre se vuelve cada día más habitual.

Situaciones habituales que deben cambiar

Falta de empatía. Una de las principales denuncias de las personas con discapacidad es que los empleados no están capacitados para atenderlos. En casi todas las dependencias públicas no existen funcionarios que sepan lenguaje de señas y tampoco hay explicaciones en Braille.

Rampas bloqueadas. Con la necesidad de estacionar cerca del destino, los mendocinos muchas veces dejan sus autos en las rampas destinadas para discapacitados o para cochecitos. Esto genera inconvenientes, ya que los afectados tienen que optar por ir por la calle o pasar por un lugar con desniveles.

Veredas irregulares. La construcción de veredas sin una planificación es uno de los males que parece no tener ninguna solución. Las comunas se desligan de las obras de los frentistas aunque muchas veredas se encuentran en mal estado y con  desniveles, provocando serios trastornos a quienes sufren discapacidad motriz. En la calle tampoco hay presencia de semáforos inteligentes y sólo en pocas paradas de micros hay información en sistema Braille.

Edificios poco inteligentes. Varias construcciones mendocinas no están preparadas para recibir a personas con discapacidad. Entre las falencias más graves se destacan la ausencia de ascensores en lugares donde hay que realizar trámites en pisos altos, falta de información en Braille para no videntes y hasta la omisión de baños adaptados.

Por Matías Caliri – Diario El Ciudadano

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