agosto 14, 2015 8:57 am

No dramaticemos, las cosas están ahora más claras. Sólo hay que saber comparar, combinar y asociar variables e inferir escenarios. Todo eso que nos permite jugar con las posibilidades y las probabilidades.
Así y todo, la realidad siempre nos puede sorprender, por eso la inteligencia no debería nunca prescindir de lo imprevisto.

Un imprevisto temporal

Dijimos la semana pasada que en esta oportunidad no iba a haber polarización. Si la hubiese habido, como algunas caprichosas inteligencias pretenden, no estaríamos hablando de tres candidaturas importantes. El veinte por ciento que obtuvo el espacio UNA, ubica en el podio a Sergio Massa, si no como firme candidato, por lo menos como árbitro o víctima ineludible.
Ha comenzado otra etapa en la carrera a la presidencia y, como advertimos días atrás, nada va a ser igual. De las cosas que están sentenciadas a cambiar luego del pasado domingo, tal vez la más importante sea la placentera y confortable situación de Scioli, que hasta aquí no se había visto obligado a replicar ataques.
Todos los reproches de sus adversarios apuntaron siempre hacia el gobierno central, al kirchnerismo más duro, a La Cámpora y a sus actores emblemáticos. La realidad del temporal –lo imprevisto–, más que la aflicción del resultado electoral, ha hecho que los candidatos de la oposición, súbitamente cayeran en la cuenta de que Scioli es el adversario a vencer.
Ahora va a ser distinto. Los que aspiran a meterse en el anhelado balotaje, necesitan no sólo disputarse los votos entre sí, sino pelearle palmo a palmo los suyos al actual gobernador de la provincia de Buenos Aires. Algunos también recién han advertido que hay mucho tiempo entre estas PASO y el domingo 25 de octubre, demasiado en términos de campaña electoral.
En algún momento la pelea se tornará más concreta y los esfuerzos, tanto de Massa como de Macri, intentarán sacar a Scioli del inalterable equilibrio construido a fuerza de fe y esperanza desde los humedales bonaerenses. Procurarán, por todos los medios, arrastrarlo al barro de la contienda. Y en estas luchas dialécticas, la provincia de Buenos Aires va a ser el circo máximo donde las cuadrigas de los candidatos disputen metro a metro la carrera por la presidencia de la Nación.
Macri no hizo una mala elección, pero el constante rechazo a ampliar el espacio Cambiemos, hizo pensar en una perspectiva mejor. El triunfo de María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires no sólo sorprendió a macristas y radicales. Nadie lo esperaba, nadie pudo imaginarlo. Pero les está dando un buen motivo para seguir soñando.
La pregunta del millón es si Scioli, rodeado como está de kirchneristas históricos y camporistas, logrará despegar del oficialismo para mostrarse como él prefiere ser: “una nueva opción de continuidad de lo que está bien, y de cambio de lo que puede mejorarse”. Lo imprevisible hizo que regrese más apresurado y menos relajado de lo que partió.

El tercero en discordia
Para quienes, desde el gobierno, piensan que su futuro político se juega en octubre, es mucha responsabilidad para un solo hombre. Una buena parte de la dirigencia oficialista apuesta no sólo a permanecer en el poder, algunos de ellos arriesgan un tiempo cargado de peregrinaciones a los estrados de la Justicia. Las denuncias de corrupción diluvian, como lo hizo el agua en estos días.
Para los que han jugado desde el principio al “vamos por todo”, la alternativa que plantea el sciolismo no es suficiente garantía. En nuestro país, cuando la suerte es adversa, no alcanzan los fueros.
Pero también es mucho lo que arriesga Massa, que deberá trajinar con la maldición del tercero en discordia, siempre amenazado con diluirse hasta desaparecer. Massa no sólo pelea contra esta reprobación –que es algo más que un estigma inevitable y que a lo largo de la historia se ha convertido en una amenaza concreta–, también disputa contra dos adversarios más poderosos que intentarán captar sus votos por todos los medios posibles. ¿Intentará desesperadamente, y a pesar de todo, demostrar que él representa el verdadero cambio?
El líder de UNA tiene entre sus manos la decisión más dramática y, por qué no, la más incómoda. En nuestros cálculos hay un quinto escenario en el que Massa advierte la imposibilidad de salir airoso en esta puja –adolecer de esa visión, es lo que ha llevado a todas las terceras fuerzas a desaparecer–, y se resigna, para preservar su espacio y su carrera política, a acompañar a uno de los candidatos. En dos meses y diez días hay tiempo para todo, o casi todo.
En esta opción, que muestra este escenario –y que sólo es una especulación–, no sabemos (no podemos saberlo) si optará por el compromiso peronista o, escuchando el llamado de su espíritu de reformista y de su hálito juvenil, apostará finalmente por algo más próximo a su discurso, que lo acerque a un cambio más radical. Para un pronóstico semejante, la juventud del contendiente no es un dato menor y el deseo de evitar una derrota, que pueda terminar con una carrera política exitosa, tampoco.
En la intimidad puede que se haya decidido a hablarlo con su principal socio, que hizo una excelente elección en Córdoba y, tal vez, estén dispuestos a escuchar ofertas. Todos contra todos, cuando hay tres, terminan siendo uno contra uno. Parece un galimatías, pero es la realidad de todo conflicto. Quizás sea sólo cuestión de tiempo.

Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana. Autor de El momento es ahora y El ABC de la defensa nacional.

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