corte nueva york

abril 24, 2016 3:45 pm

Cuando nuestro país saldó los U$S 9.352 millones que solucionaron el pasivo con los holdouts, puso fin a una situación de default que se mantuvo por 15 años y marcó a fuego la economía de un gobierno que, además de hacer un uso y abuso político de la situación, determinó un endeudamiento interno que seguramente lleve años superar. La imposibilidad de financiarse a tasas razonables envició de tal manera la economía que, para mantener como motor el consumo interno –eje del proyecto en sus años finales- prohijó la inflación, la emisión descontrolada, y el uso discrecional de fondos que deberían haber tenido otro destino.

Los especialistas coinciden en que es una excelente noticia a nivel macroeconómico, sobre todo porque el dato de que la demanda de títulos haya excedido y en mucho lo esperado, permite percibir interés y confianza en el proceso político que recién se inicia. Además, vale destacar que la salida del default no solo significa que la Nación puede salir a buscar financiamiento externo, sino que también pueden hacerlos las provincias y las empresas privadas. Sabida es la situación de ahogo financiero de Mendoza, que ha obligado a una austeridad creciente y a recurrir a adelantos de coparticipación y reiterados pedidos de fondos por parte de la administración Cornejo.

Un dato no menor es que la nueva deuda emitida y colocada sigue estando bajo la legislación de Nueva York, lo que significa que si los compromisos asumidos no se cumplieran en el futuro, la situación podría repetirse; otro litigio en aquellas tierras, y con este antecedente –quince años de default- jugando en la memoria. Pero el país no está en condiciones de imponer políticas, para hacer una comparación simple, es un cliente que acaba de ser sacado del veraz. El año pasado, para tomar una referencia comprensible, nuestro país colocaba bonos al 14% de interés en dólares, mientras que la nueva colocación para pagar a los buitres es prácticamente a la mitad. El salto en la percepción de confianza es claro.

Pero vale detenerse en los significados de esta solución para el ciudadano de a pie. Nadie va a notar inmediatamente que las cosas cambien y mejoren aceleradamente. La recuperación de financiamiento sí servirá para, a mediano plazo, poner en marcha inversiones en infraestructura y promover políticas activas de desarrollo, y también para ayudar a las provincias a rehabilitar las alicaídas –y en algunos casos fundidas- economías regionales; esto si es que se cumple la premisa de que el endeudamiento no será utilizado para gastos corrientes o para cubrir agujeros de caja. En este sentido, vale acotar que pese a los ajustes que se han hecho, el déficit financiero en los primeros tres meses del año alcanzó ya –datos fresquitos- los ochenta mil millones de pesos.

Con respecto a la inflación, si se a atribuye como algunos hacen a reacomodamientos de precios que estaban disociados de la realidad, entonces no es esperable que haya una influencia decisiva sobre ella de la salida del default. En cambio, puede incidir en su descenso el hecho de que se pare la emisión desenfrenada que fue práctica corriente en el último bienio kirchnerista. La estrategia de “secar” la plaza financiera, como se conoce en la jerga, es decir ir retirando paulatinamente pesos de circulación ya se estaba aplicando, pero si bien la abundancia era parte del proceso inflacionario, nadie puede decir que realmente fuera el eje.

Entonces, para sintetizar, el cambio fundamental para el ciudadano corriente no pasa por los beneficios directos de la salida al mundo financiero. El beneficio es, centralmente, que la medida evita un ajuste mucho más feroz. Los beneficios no son por lo que vaya a ocurrir, sino por lo que deje e ocurrir. De no haber arreglo es probable que todos debiéramos sufrir condiciones mucho peores. Y en el actual esquema, moderar o detener el ajuste, ya es un beneficio considerable.

El país no soluciona sus problemas, lo que tiene es una nueva oportunidad de retomar el rumbo. Que ocurra o no ya es responsabilidad de los gobernantes, y para eso se le dio un voto de confianza.

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