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julio 13, 2016 7:00 pm

La inseguridad muestra por estos días una de sus peores caras: la aparición de patrullas civiles integradas por vecinos organizados y comunicados entre sí.

Nacidos en el hartazgo por la reiteración de casos de robos, muchos con violencia, y mientras se supera la actual falta de recursos humanos, materiales y técnicos en el Estado, estos grupos colectivos se multiplican en los barrios de clase media y baja que no cuentan con vigilancia privada, con el único fin de dar aviso a la Policía ante cualquier movimiento que les parezca sospechoso.

Espalda con espalda

Por ejemplo, en el barrio Antártida, de Maipú –una de las zonas en las que más creció la incidencia del delito durante los últimos años–, se da un caso calificado de ‘emblemático’ por los especialistas, debido al nivel de desarrollo que tienen los planes de acción ante una eventual situación de robo. “No portamos ningún tipo de armas. Simplemente somos papás, mamás y abuelos preocupados que nos turnamos para patrullar la manzana en determinadas horas del día o de la tarde-noche, ya sea a la madrugada o a la siesta. Caminando, en auto o bicicleta, hacemos pasadas de vigilancia y ante cualquier situación que nos parezca sospechosa, damos aviso a la Policía y también en el grupo de Whatsapp en el que nos agrupamos los vecinos de la primera etapa del barrio”, comenta Eduardo Díaz Fonseca, vecino de Luzuriaga.

Se robaron hasta la Virgen

A diez kilómetros del microcentro está ubicado el barrio 21 de Julio. En los últimos años, este joven espacio (uno de los más grandes de la provincia) ubicado en la zona sur de Carrodilla, en Luján, ha sido víctima de reiterados robos.

Entraderas, robos de vehículos, asaltos a comercios, casas desvalijadas y ataques en la vía pública son el pan de cada día en esta zona que, paradójicamente, tiene el privilegio de contar con una comisaría cercana.

El lunes pasado, unos 600 vecinos se congregaron en la plaza barrial y pidieron seguridad ante las cámaras de televisión que se acercaron al lugar. “Nos cuidamos entre nosotros. Nos organizamos para salir a la vereda, nos mandamos mensajes con el celular. Para que te des una idea, te puedo decir que durante este último mes solamente en mi casa se produjeron dos hechos de robo de neumáticos en horas de la siesta. Por eso estamos tomando el toro por las astas. Estamos cansados. Nos dicen que es una banda que viene con movilidad y herramientas para actuar rápido. Pero ellos no son los únicos organizados, nosotros ya estamos haciendo algo al respecto”, asegura el vecino Atilio Gómez.

Las Heras, unida y organizada

En el departamento con más historia de la provincia, el delito sigue ganando la batalla. Los barrios, hoy “controlados” por “familias”, tienen a toda una sociedad amedrentada, aunque de apoco se va organizando para ponerle punto final a los asaltos.

José Luis Marabini dice que es el fundador de la primera patrulla vecinal lasherina. “Estamos permanentemente comunicados con la Policía. La verdad es que las fuerzas de seguridad, al enterarse de lo que estábamos haciendo en el 12 de Mayo, se ofrecieron para ayudarnos a patrullar el barrio y los alrededores. No tenemos armas, nos comunicamos con celular directamente con la comisaría y durante los fines de semana nos turnamos con los efectivos para controlar los movimientos. Hemos sufrido mucho en esta zona. Sabemos que el hecho de ‘repartirnos el trabajo’ con la Policía no está bien, pero no nos queda otra. Las comisarías quedaron desmanteladas. No tienen móviles, no tienen gente, los chalecos antibalas que usan están gastados y por eso se ha llegado a este punto”, razonó el vecino.

Cooperación en la era de las comunicaciones

Las posibilidades comunicativas que hoy brinda el mercado tecnológico, permite relacionarse a través de redes de mensajería instantánea como Messenger (Facebook) o Whatsapp. Gracias a estos programas informáticos (todos gratuitos y fáciles de usar) los integrantes de una misma comunidad se pueden “reunir” virtualmente para pasarse cualquier tipo de dato.

“En nuestro barrio hay varios grupos de Whatsapp. Nos organizamos en nodos (un nodo incluye dos manzanas continuadas u ocho cuadras consecutivas). De esta forma, los patrullajes no tienen por qué ser extensos en tiempo y espacio. Nos marcamos entre todos, miramos por las ventanas. Estamos todo el día alertas y ante la mínima sospecha lo publicamos en redes sociales. Si pasa algo, alguien llama a la Policía. Si no pasa nada, seguimos atentos”, comentó Ana Juarros, de Lavalle.

Dorrego: alarmas, silbatos y bocinas

En el distrito más poblado de Guaymallén, unas 50 familias agrupadas en asociaciones vecinales están llevando a cabo un novedoso plan de seguridad barrial para detener la “epidemia” de robos que por estos días afecta al área.

“Primero instalamos una alarma general que suena cuando alguno de los vecinos aprieta un botón de pánico, pero no alcanzó. Por eso ahora, además de la alarma, nos repartimos silbatos para dar alertas de casa en casa. Funciona así: elaboramos códigos (que sólo nosotros conocemos) con estos sonidos y el que no tiene silbato toca la bocina repitiendo el mismo código. Es muy efectivo y ya hemos frustrado algunos casos. Antes patrullábamos pero esto nos parece más efectivo. Los policías están muy limitados y por eso nos cuidamos entre nosotros. Es una pena vivir como vivimos, pero es así”, comenta Susana Rodríguez, vecina de la calle Zapala.

Vale recordar que la comisaría ubicada en ese lugar es una de las más desprotegidas de la provincia. Hasta hace poco tiempo la dependencia que ‘cuidaba’ a una de las áreas más pobladas, no contaba con móviles policiales.

Por Orlando Tirapu – Diario El Ciudadano online

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