jubilados

mayo 15, 2015 4:57 pm

Mientras pensaba ese título miraba fijo el cuadro que me recordará hasta el final de los tiempos a esa maravillosa abuela que nos dejó a los 99 años. Todo un tiempo recorrido con lucidez, con serenidad y con ejemplar compromiso de vida hasta su último segundo. Extraordinario ser que, como muchos, cimentó esa gran nación que planificaron nobles ciudadanos que la historia argentina fue registrando en su memoria de país. Por eso también me he preguntado una y otra vez ¿por qué hacer lo que hacemos con nuestros adultos mayores?; ¿por qué vedarles el derecho a tener protagonismo en el presente de nación?; ¿por qué utilizarlos o ignorarlos según la ocasión?.

Creo que las respuestas caen con el peso de las múltiples evidencias del maltrato generalizado por el que a diario sometemos a esos seres, que cuando ya no sirvieron a los mezquinos intereses de la familia deben ser descartados en algún geriátrico, que por coqueto y completo en atenciones pretendemos limpiar el despiadado paso intermitente de nuestra consciencia.

Pero también está el estado, que no es menos cínico y despiadado que gran parte de la sociedad. Es más, es ese GRAN ejemplo para los parámetros formativos que hoy se les muestra a niños y jóvenes por igual. El caso del ministro de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Carlos Fayt deja al descubierto en su máxima exponencia que TODO lo que es viejo “molesta y es obstáculo” para los mezquinos interese, en este caso de un gobierno que ha ido por TODO. Y entonces cuando aparece una maquiavélica maquinaria de desprestigio con aceitados procedimientos para que se vaya el juez Fayt. Sin importar siquiera la utilización de los más bajos elementos para manifestar y poner en el tela de juicio la continuidad en su cargo el ministro. Con el falso argumento que “no se discute la edad” (Fayt tiene 97 años) el oficialismo desde la cámara baja del parlamento de nuestro país y con una perversa obediencia debida del bloque “K” estaría por someter al magistrado a “examen psicofísico para saber su estado”. El turbio trasfondo es: “este viejo debe irse porque no podemos aceptar que apoye la continuidad de Ricardo Lorenzetti como presidente del máximo ente judicial de la nación. Encima este viejo no es influenciable,  debe irse para así colocar a nuestros candidatos (seguro que de La Cámpora), en ese y otros cargos vacantes”

A esto que muestra despiadadamente la realidad Argentina de este tiempo se le adosa todo lo que desde el poder central se vienen haciendo sistemáticamente contra nuestros abuelos. Desde la descarada discrecionalidad en la utilización de los fondos de la multimillonaria caja de la ANSES: todo tipo de planes sociales como la asignación universal por hijo; el plan conectar igualdad que entrega computadoras portátiles a alumnos y docentes de todo el país; planes de viviendas; el otorgamiento de cientos de millones de pesos para el rescate de empresas con dificultades, como automotrices multinacionales. Ni hablar de obras sociales, que como el PAMI lejos de morigerar y curar sus heridas los maltrata aún más.

En fin, un inadmisible desvío de fondos que provienen del sacrificado aporte de “los viejos del país”, que cuando no eran viejos dejaron sus energías de vida para alimentar las esperanzas de sus familias y de una sociedad que apostó y creyó en esta rica nación. La misma que hoy los maltrata por doquier,  les paga migajas de un irrespetuoso salario jubilatorio que no se condice con esos aportes, en donde se les quitaron conquistas como el 82 % móvil y en donde se los tiene como rehenes del ánimo perverso de quienes administran el país.

Pero todo eso, como lo expresábamos al principio, es una parte de lo que nuestros ancianos sufren a diario en la mugrienta mezcla de responsabilidades entre el estado  y una cada vez más insensible sociedad. Allí donde se ve brillante y cool valorar la inteligencia y la permanencia de la señora Mirtha Legrand. Interminable artista argentina que se la admira de uno y otro lado de la pantalla por el cholulo y vacío criterio de muchas mesas hogareñas y de aquellos políticos que les conviene mostrarse en el rating de la señora de los almuerzo. Mientras a nuestro alrededor no se escucha, no se atiende, no se entiende y mucho menos se pone en valor el pensamiento, rico en sabiduría de vida y experiencia de todo tipo de esos seres que sanos en espíritu y cabeza, enfermos en lo físico ante el despiadado paso del tiempo, arrastran sus pies solo en ese terreno donde la hipocresía generalizada los ha recluido.

Sin embargo nuestros viejos nos siguen dando señales de “ejemplos de vida” trabajando para mantener casas donde hay niños, donde hay enfermos y donde hay desocupados. Haciendo obras de caridad en hospitales, casas cunas y geriátricos. Participando activamente en luchas de reivindicaciones sociales. Cerrando asuntos pendientes de vida como terminalidad primaria y secundaria, hasta en muchos casos encarando con absoluta responsabilidad una carrera terciaria o conmovedoramente universitaria. Un cúmulo de aspectos que le dejan claro a este injusto país de hoy que ellos “son viejos, pero NO el molesto descarte de la República Argentina.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor de Radio Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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