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noviembre 22, 2016 9:22 am

Acalladas las voces de miles de mendocinos que se manifestaron en cada convocatoria de “Ni Una Menos” por cada caso de femicidio, el grueso de una incrédula comunidad comenzó hablar en voz alta sobre un tema de vieja data. Tanto, del que generación en generación ocultó bajo el yugo de una idiosincrasia patriarcal que toda una sociedad asumió con absoluta naturalidad. Algo que permitió con el tiempo esa dantesca distorsión que atravesó con saña todo límite. De allí, golpes, vejaciones y violaciones de padres, abuelos, hermanos, novios y de cualquier condición social, empresarial o gubernamental hacia todo ser de sexo femenino. Entonces toda niña, adolescente o mujer, se transformaron en el sucio objetivo que se multiplicó a medida que el viejo esquema se lo permitió.

La aparición en la escena de la vida mendocina del asesinato de mujeres con frecuente preocupación, hizo despertar la sensatez de un importante sector de la población. Esa alerta fue el fuerte remezón que comenzó a mover y modificar las estructuras legales, que hasta ahora protegían con abultada impunidad a cada sujeto que aún hoy somete la vida de cada mujer.

…”mi pequeña comenzó a tener comportamientos que me demostraron luego, que había sido abusada por su padre, de quien estaba separada por ser violento”. Es parte del testimonio de una joven mujer (golpeada por su ex pareja) por la situación de su nena y de una justicia que recibe a granel falsos testimonios que pretenden proteger al hombre y ensuciar aún más su valiente verdad. Un ejemplo real que se extrae para entender y atender en un todo lo que pasó  Ayelén Arroyo, asesinada por su padre Roque Arroyo. Sujeto que la violó a ella, a su hermana y a su propia nieta toda vez que se le dio la gana. Sujeto que al ser denunciado por la jovencita decidió quitarle la vida. Denuncia que ningún organismo atendió con la urgencia que debía ser atendida. Humilde jovencita que paso inadmisible calvario en oficinas de toda índole y jurisdicción. Nadie la escuchó y actuó en consecuencia. Claro ejemplo de que la prepotencia patriarcal todavía maneja con impunidad la vida de los mendocinos. En el caso de Ayelén se agravó aún más porque fue discriminada por su situación social de extrema pobreza, como ocurre con tantos hechos similares.

Los casos de Ayelén Arroyo, Julieta González y Janet Zapata, mostraron a esta problemática más hipócritamente dantesca. Mientras se producían y hacían que las calles del centro de la capital provincial se poblaran de miles de ciudadanos exigiendo de los tres poderes del estado la detención inmediata de este verdadero femicidio generalizado. La matanza de mujeres continuaba su terrorífico camino.

…”me golpeó hasta que lo denuncié. Tuvo restricción de acercamiento a mí y mis hijos, sin embargo llegaba igual a donde estaba y me violaba. Luego se iba golpeándome, mientras me decía que a él nadie lo detendría. Se cansó de hacer eso y un día apoyado con una mentira de su entorno fue a la justicia y me quitó mis hijos. Es otro fuerte testimonio que refleja la problemática que se da en cada sitio de las áreas urbanas o del campo provincial. Un testimonio demostrativo de que las marchas y una serie de medidas que se han tomado tras el femicidio de 16 mujeres mendocinas en lo que va del 2016, lejos están de torcer una dolorosa cuestión que mucho daño le hace a Mendoza.

Quienes cometieron femicidio cada 25 días en lo que va del año han tenido todo ese apoyo inadmisible de una sociedad que desde siempre le ha dado la espalda al sufrimiento de la mujer. Femicidios que hacen caer el velo de esto precisamente. Pero que no alcanza, porque el problema lejos de ser resuelto solo ha producido multiplicidad del mismo. La conducta de muchos hombres de aquí no sabe de respeto a la mujer, al sentido común, a los sentimientos, a ese ser que ayudó traer al mundo y a las leyes. Solo entiende y lo asume con desparpajo esa actitud de saciar su descontrolado instinto de violar, golpear y si se le antoja terminar con la vida dese ese ser.

Todo esto es muy duro, pero es así. Y si bien hay informes de los últimos días que expresan que la cárcel mendocina se está poblando de femicidas, la comunidad mendocina, escéptica, espera que los eficientes organismos del estado comiencen a funcionar en plenitud, como nunca antes.

Que las cárceles estén superpobladas y los pabellones de violencia de género colapsados, no es un problema, ni del sistema, ni de la comunidad. Ésta, no debe ser la noticia que nos movilice con entusiasmo de que las cosas comenzaron a cambiar. La noticia debe ser el comienzo de juicios con juzgamientos de quienes cometieron delitos de violencia de género. Los mismos que todavía creen, como muchos sectores equivocados de la sociedad mendocino, que este tema es excluyente de un accionar delictual. Esto y quienes lo  comenten se encuadran en un aberrante hecho delictual. Por lo que el mismo y sus ejecutores deben ser juzgados por la justicia penal con el mismo rigor que todo hecho que cometen delincuentes. Única manera que tendremos en Mendoza la absoluta certeza que con el tiempo nuestras mujeres no se irán desgarrando por violencia y muerte. Aspecto como para guardar en el necesario archivo de las cosas por olvidar en nuestra historia de provincia. Solo y cuando haya cesado primero y terminado después.

Daniel Gallardo – Periodista y Productor Estudio Cooperativa 91.7 y Diario El Ciudadano

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