ejercito paraguayo

septiembre 2, 2016 11:23 am

Hay diversas teorías para explicar el misterio del tiempo. Los progresistas lo quieren lineal y en forma ascendente y hacia un futuro siempre mejor que el pasado y el presente que los precedieron.

Otras culturas más antiguas como la griega o la hindú lo prefieren circular, a veces, incluso con la posibilidad de repetirse a sí mismo.

Carlos Marx decía al respecto que primero las cosas se daban en forma de tragedia para regresar, luego, bajo la forma de la farsa. ¿Será así?

Tal parecería ser el caso si reparamos en la ética y en la estética de la reciente ‘Marcha de la Resistencia’. Si, por ejemplo, nos quedaríamos sólo con los audios, prescindiendo de las imágenes, bien nos podríamos creer transportados por el túnel del tiempo a los años 70.

“El enemigo no está más en la Casa de Gobierno, el enemigo habita en las multinacionales”, gritó la que dirigía la marcha. “Paredón, paredón a los milicos que vendieron a la Nación”, coreó la multitud. “CTERA trajo un cartel pidiendo por los maestros, hay gente desubicada. Otros piden contra los milicos… esto no es por los milicos”, los corrigió la misma voz organizadora.

Todo esto no pasaría de ser una nota de color de un grupo de nostálgicos, si otros hechos más graves no estarían ocurriendo en forma simultánea. A saber, el grupo terrorista Partido del Pueblo Paraguayo acaba de atacar de nuevo, dando muerte a nueve soldados en una emboscada. Un viceministro boliviano ha sido torturado y asesinado por cooperativistas mineros, con los cuales estaba negociando. De paso, cada tanto, resurge la violencia de los grupos mapuches en el Sur chileno con el incendio de alguna iglesia o de un fundo.

Llegado a este punto, cabe preguntarse si se trata de hechos aislados o, por el contrario, son indicadores de que algo está cambiando en nuestra región.

Si comenzamos por donde se debe, vale decir por el contexto, habría que resaltar –que al momento– nuestra región parece no estar muy conectada con la problemática global. Pues, sin descartar al terrorismo como una amenaza, no tiene en estas tierras ni la virulencia ni la correspondiente prioridad que le asignan, tanto en las agendas europeas como norteamericana.

Si hay algo en lo que nos destacamos los sudamericanos es en el auge del bandolerismo, que 17 de las 20 ciudades más peligrosas del mundo están en nuestra región. Si bien este fenómeno hay que asociarlo principalmente al narcotráfico, también hay que hacerlo al fenómeno guerrillero, como es el caso colombiano, y podría ser el paraguayo y a reivindicaciones étnicas como lo es el chileno y parcialmente el boliviano.

Por su parte, las historia y la experiencia nos dice que en nuestra región los fenómenos nunca se dan solos y que tienden a contagiarse, tal como pasó en la referida época de los 70. En este sentido, los conflictos entre Estados han sido casi una rareza en nuestra región, no así los conflictos armados internos.

Para hacer breve una historia larga, podemos decir que la serie más reciente de ellos se originó con la irrupción del terrorismo guerrillero en los años 60 y 70. A la que le siguió la brutal represión del mismo por parte de los respectivos Estados nacionales donde el mismo se manifestó.

En casi todos los casos se trató de un enfrentamiento ideológico entre grupos bien definidos. El Estado, por un lado, y de grupos insurreccionales más o menos organizados, por el otro. Otro dato no menor es que cuando este Estado tenía el derecho a defenderse de los ataques, al hacerlo en forma desproporcionada, sufrió una derrota moral.

Como sucede casi siempre, el análisis de estos conflictos nos lleva a concluir que no empezaron en forma espontánea. Hubo siempre pequeños episodios de violencia que los precedieron. Estos hechos fueron iniciados por los mismos grupos insurreccionales o por grupos afines. Los que tomaron inicialmente a los elementos estatales desprevenidos y por sorpresa. Pero los que luego reaccionaron con creciente eficiencia hasta llegar a la derrota militar de quienes los habían desafiado.

Con la perspectiva que nos da el tiempo sabemos, hoy, que estos hechos preanuncian un cambio de fase que se orienta a la generación de hechos de violencia de mayor magnitud, promovidos por grupos más organizados y que estaban dispuestos a disputarle al Estado el monopolio de la violencia.

Pasando a los hechos que ocurren por estos días y que hemos mencionado más arriba, cabe algunas diferencias respecto de los del pasado. La primera, es que al contrario del conflicto anterior, ahora no hay dos bandos bien diferenciados, sino que lo que hay es una miríada de actores independientes.

El narcotráfico, por un lado, seguido por sus socios diversificados del contrabando, el tráfico de bienes y personas, y la guerrillas marxista, por otro, conforman lo que el profesor alemán Hans Magnus Enzensberger, ha designado como una “guerra civil molecular”. En otras palabras, un conflicto de todos contra todos. O más precisamente de actores no estatales contra el Estado. Lo que lejos de ser una ventaja para éste, le agrega un grado de dificultad mayor, para cuando sus decidores políticos decidan combatirlos en serio.

Lo último, antes que una precisión, es más bien una enseñanza que deberíamos haber extraído de los conflictos anteriores. Cual es que todos ellos entrañan una dimensión moral y que observarla no es sólo una exigencia ética, también una necesidad operativa.

El Doctor Emilio Luis Magnaghi es Director del Centro de Estudios Estratégicos para la Defensa Nacional Santa Romana y autor de El momento es ahora y El ABC de la Defensa Nacional.

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